De la Espriella ficha a la magistrada Lombana para su bloque contra la corrupción

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Por Juan Valencia – Redacción Política / Cristina Lombana deja la toga de la Corte Suprema para asumir un cargo que, en la práctica, le permite seguir haciendo lo mismo que la ha definido durante años: perseguir la corrupción, esta vez desde el propio Palacio de Nariño.

El presidente Abelardo de la Espriella la nombró secretaria de Transparencia de la Presidencia, un movimiento que llega cargado de simbolismo, porque Lombana no es cualquier magistrada saliente: es la mujer que más dolores de cabeza le ha dado al exministro Armando Benedetti en los últimos años, sin dejarse doblegar pese a la presión.

El caso Benedetti y la magistrada Lombana

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Su hoja de servicio contra Benedetti es larga y, sobre todo, contundente. Lombana tuvo a su cargo varias de las investigaciones que lo señalaron por hechos ocurridos durante su paso por el Congreso, entre ellas un proceso por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos que en 2023 el propio Benedetti logró apartarle mediante una recusación, la primera de varias que presentaría para sacarla de los procesos que lo tenían en la mira. Lejos de frenarla, la magistrada siguió firme en 2025, cuando ordenó el allanamiento a una propiedad del exministro en el exclusivo sector de Lagos de Caujaral, en Barranquilla. La reacción de Benedetti, que llegó a calificarla de “loca”, “demente” y “delincuente” en declaraciones públicas, terminó siendo la mejor prueba del peso real que tuvo su trabajo: solo se ataca con esa virulencia a quien de verdad está incomodando.

Esa firmeza no ha sido gratuita. A lo largo de su carrera en la Corte, Lombana ha estado bajo el escrutinio constante del periodista Daniel Coronell, quien le ha dedicado decenas de columnas cuestionando distintos episodios de su hoja de vida judicial. Pese a esa presión sostenida, la magistrada nunca se apartó de los procesos más sensibles que tuvo en sus manos y respondió públicamente cada vez que fue cuestionada, sosteniendo su versión y continuando con las investigaciones que tenía a cargo. Esa capacidad de dar la pelea, tanto en los tribunales como en la opinión pública, es hoy parte central del capital político que trae consigo al nuevo cargo.

Con ese recorrido, Lombana llega ahora al Gobierno con un mandato explícito: estructurar y articular, según sus propias palabras, un “bloque de búsqueda contra la corrupción” que reúna toda la capacidad institucional del Estado para perseguir a quienes hayan saqueado o pretendan saquear los recursos públicos.

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Su tarea no arranca desde cero: sobre su escritorio ya la esperan las denuncias y expedientes heredados de la administración Petro, un gobierno que dejó como sello distintivo una sucesión de escándalos de corrupción, desde el caso Ungrd hasta las irregularidades reiteradas que la Contraloría sigue destapando en programas como el PAE. De la Espriella no escatimó en solemnidad al anunciarlo, advirtiendo que en su gobierno “la corrupción no tendrá escondite, privilegios ni impunidad” y que “los recursos públicos son sagrados y se respetan”.

Con una magistrada que ya demostró, expediente tras expediente, que no le tiembla la mano frente al poder, ahora puesta a revisar puertas adentro lo que dejó el petrismo, el mensaje del presidente gana un respaldo que va mucho más allá de las palabras.


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