Países Bajos, el socio silencioso de Delcy contra María Corina Machado

Por Jhon Cárdenas – Redacción / Holanda le dio la espalda a María Corina Machado justo cuando más la necesitaba. La embajadora neerlandesa en Washington, Birgitta Tazelaar, le había autorizado a la líder opositora venezolana volar hacia Curazao para desde allí intentar regresar a Venezuela tras los terremotos que sacudieron al país en junio. Un día después, con Machado ya en el aire, Tazelaar revocó el permiso y obligó al avión a devolverse a territorio estadounidense. La Nobel de Paz quedó varada, sin pasaporte válido y absolutamente dependiente de la voluntad de La Haya para moverse.
El propio medio Axios reconstruyó el enredo: Tazelaar creía tener el visto bueno del secretario de Estado Marco Rubio, transmitido por el subsecretario Chris Landau, un aliado declarado de Machado. Pero un día después recibió de otra oficina del Departamento de Estado un mensaje contrario, y según una fuente que habló con el jefe de la oficina para el Hemisferio Occidental, Mike Kozak, la embajadora quedó “totalmente confundida”. Detrás de esa confusión había un cálculo político descarnado en Washington, que no quería que Machado se luciera en las labores de rescate tras el sismo ni que pareciera que Estados Unidos la protegía activamente, justo cuando Rubio empezaba a tantear una relación más pragmática con el nuevo poder en Caracas.

Ese nuevo poder tiene nombre propio: Delcy Rodríguez, la exvicepresidenta que quedó al mando tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos y que hoy mantiene mejores relaciones con Washington que la propia Machado. Y aquí es donde la actuación holandesa deja de ser un simple malentendido diplomático para convertirse en un favor político. Países Bajos jugó un papel decisivo en la fuga de Machado de Venezuela en diciembre pasado, cuando la sacó disfrazada hasta Curazao para que volara a Oslo a recibir su Nobel. Meses después, cuando Machado quiso hacer el camino inverso para regresar a su país, la misma Holanda que la ayudó a salir le cerró la puerta para volver.
Y no fue un hecho aislado. La semana pasada, mientras Rodríguez se paseaba por Nueva York reuniéndose con Donald Trump en la Asamblea General de la ONU, Machado intentó regresar a Venezuela tres veces en 24 horas desde Panamá, ensayando rutas por mar y por aire hacia Aruba y Curazao. Las tres fallaron. Su partido, Vente Venezuela, ya contabiliza siete intentos frustrados de retorno, tres de ellos solo en esa semana. El patrón es demasiado consistente para llamarlo casualidad: cada vez que Machado busca una salida por territorio holandés en el Caribe, ese territorio se le cierra.
Mientras tanto, el gobierno de Rodríguez ha dejado regresar sin mayor obstáculo a otros exiliados y aliados cercanos de la propia Machado, en un gesto calculado que la deja a ella como la única figura política a la que Caracas —con la vista gorda de Washington y la mano dura de La Haya— sigue sin dejar entrar. Países Bajos puede alegar confusión burocrática todas las veces que quiera, pero el resultado en la práctica es el mismo: le hizo el trabajo sucio a Delcy Rodríguez, bloqueando a la principal amenaza política para su gobierno justo cuando más falta le hacía tener el camino despejado.





