Lula vence a Flávio Bolsonaro, remonta la derrota de la primera vuelta y será presidente por cuarta vez

Flávio Bolsonaro (PL) afirmó que no reconoce el resultado de las elecciones y que pedirá la anulación del proceso electoral.
Por Redacción Internacional / Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de Brasil. Con el 99,79% de las mesas escrutadas, obtuvo 51,76% de los votos válidos frente a 48,24% de Flávio Bolsonaro, una diferencia de más de 4,3 millones de votos que ya no se puede revertir. Será el primer presidente del país en acceder a un cuarto mandato, el segundo consecutivo. Según Folha de S.Paulo, es la primera vez desde el regreso de las elecciones directas, en 1989, que un candidato pierde la primera vuelta y gana la presidencia en la segunda.
Y Lula sí la había perdido. El 4 de octubre Flávio ganó con 47,03% contra 45,16%, la menor diferencia entre los dos primeros clasificados. Pasó de ahí a una campaña en la que cambió de estrategia. Había faltado al debate de la primera vuelta, pero acudió al cara a cara del 18 de octubre, que terminó entre insultos mutuos. Las encuestas lo fueron acercando. Hace dos semanas Datafolha, AtlasIntel y PoderData le daban a Flávio entre cuatro y seis puntos de ventaja. Una semana antes del balotaje Datafolha ya lo mostraba en 51% contra 49%. El debate pudo ayudar, aunque una medición del 13 y 14 de octubre, anterior al cara a cara, ya daba a Lula 1,8 puntos arriba en votos válidos.
La noche fue de nervios. Lula apareció primero en los primeros minutos del conteo, pero Flávio lo superó cuando se había contabilizado el 14,29% de las urnas, y el presidente recuperó la ventaja después. Lula denunció que se retiraron buses de circulación en ciudades como São Paulo y Salvador, y el magistrado Cristiano Zanin extendió dos horas la votación. El alcalde de Salvador, aliado de Flávio, justificó la medida por la presencia de volantes del PT en los vehículos. La campaña de Flávio también pidió ampliar el horario en São Paulo, Paraná y Santa Catarina por las fuertes lluvias.
La victoria llega con críticas sobre la forma. Cinco días antes de la votación, los abogados de Flávio llevaron al Tribunal Superior Electoral una queja en la que acusan al gobierno de usar canales oficiales y dinero público para movilizar a los mayores de 70 años, un sector en el que 49% no votó en la primera vuelta. El recurso sostiene que la agenda del Estado coincide con la agenda de campaña de Lula. En las fuentes consultadas no aparece una decisión del tribunal sobre ese reclamo. Flávio también acusó a Lula de lanzar a nueve días del balotaje promesas que no cumplirá, como el transporte público gratuito en fines de semana y una reforma constitucional de seguridad pública. Lula, por su parte, prometió condonar deudas a microempresarios, ampliar becas universitarias y eliminar impuestos a los combustibles.
El rival que derrota es el hijo de Jair Bolsonaro, preso por planear un golpe de Estado. La campaña estuvo marcada por escándalos de corrupción, incertidumbre económica y acusaciones de injerencia de Estados Unidos en favor de Flávio, que Washington niega, además de por la promesa de Flávio de liberar a su padre si ganaba. Lula lo había atacado desde la primera vuelta por su “biografía tenebrosa”, con supuestos vínculos con grupos paramilitares y el escándalo del Banco Master. Flávio niega irregularidades. A la vez, el presidente que gana lo hace sin haber logrado convencer del todo a un electorado golpeado por el alto costo de la vida y las deudas familiares, aun con la caída del desempleo y de la desigualdad.
La ventaja es corta, y los dos bloques salen igual de movilizados. Lula gobernará un cuarto mandato con una oposición que sacó casi la mitad de los votos y que ya dejó planteado que el uso de la maquinaria estatal fue desigual. Lo que haga con esa mayoría estrecha será lo que mida su triunfo.





