Las alianzas políticas que explican por qué Los Costeños crecieron sin freno en el Atlántico

Por Redacción El 7
El gobierno del presidente Abelardo De la Espriella inició una investigación sobre unas supuestas alianzas entre políticos de Soledad y Malambo y el condenado jefe de la estructura criminal Los Costeños, Jorge Eliécer Díaz Collazos, alias Castor. La indagación se activó después de que la revista Semana revelara detalles de una entrevista confidencial que funcionarios del gobierno de Gustavo Petro le habían realizado al propio Castor, en la que el cabecilla habría destapado alianzas y movimientos políticos en el departamento del Atlántico, con especial protagonismo en los municipios de Soledad y Malambo.
Según la publicación de Semana, la conversación con Castor se extendió por más de dos horas, y en ella los asistentes escucharon en primera persona “las entrañas de Los Costeños: composición, crímenes, aliados, estrategias y deudas”. Lo que más llamó la atención de quienes participaron en ese encuentro fue la magnitud de la influencia de la organización criminal en la política local del Atlántico, así como en las filas de la Policía Metropolitana de Barranquilla. En la publicación se le atribuyen a Castor manifestaciones según las cuales él y su estructura habrían respaldado la candidatura de Alcira Sandoval en las elecciones de 2023.

A raíz de esas revelaciones, el gobierno de De la Espriella busca que las autoridades competentes analicen a fondo la relación entre estos actores delincuenciales y la política local. La medida se suma a las solicitudes que en los últimos días ha elevado el concejal de Soledad, Brayan Orozco, ante la Procuraduría General de la Nación y la Fiscalía, pidiendo que “investiguen de manera inmediata y a fondo las graves afirmaciones de alias Castor (…) sobre alianzas políticas, control territorial y complicidad que habrían permitido el saqueo y el terror en nuestro municipio”.
Lo que explica esta alianza: dos décadas de expansión sin freno
El escándalo de las presuntas alianzas políticas no puede leerse de forma aislada: es, en realidad, la pieza que ayuda a entender un fenómeno que las autoridades locales vienen documentando desde hace años y que nunca lograron revertir del todo. Los Costeños surgieron como una célula disidente de “Los Rastrojos” tras la fragmentación de los grandes carteles del Caribe colombiano, y con el tiempo consolidaron un esquema de células barriales que les permitió sobrevivir a sucesivas oleadas de capturas y operativos policiales, adaptándose una y otra vez a la presión de las autoridades.
Ese modelo descentralizado explica, en buena medida, por qué la organización nunca ha podido ser desarticulada de raíz. El comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, general Miguel Camelo Sánchez, reconoció en una entrevista reciente con este medio que tienen identificados a 30 actores criminales dedicados a la extorsión en Barranquilla y el Atlántico, pero que 25 de ellos ya están presos y, aun así, continúan ordenando actividades delictivas desde distintos centros penitenciarios del país. De ese listado, 18 pertenecen específicamente a la estructura de Los Costeños.
La extorsión como columna vertebral del negocio

La extorsión no es un delito accesorio para Los Costeños: es una de sus principales fuentes de financiación, junto con el microtráfico y el préstamo ilegal bajo la modalidad de “gota a gota”. Según cifras policiales recientes, la estructura llegó a recaudar entre 25 y 30 millones de pesos semanales solo por concepto de extorsión en distintos sectores de Barranquilla y su área metropolitana, una cifra que meses atrás alcanzaba los 75 millones de pesos mensuales. La red extorsiva no distingue tamaño de negocio: alcanza desde tiendas de barrio, ferreterías y vendedoras informales, hasta conductores de buses y transportistas, en lo que investigadores describen como un esquema de “fronteras invisibles” que restringe la libre circulación de miles de residentes entre un barrio y otro.
El microtráfico de estupefacientes completa el otro gran pilar del negocio. Operativos recientes de la Policía Metropolitana han desmantelado puntos de distribución y centros de acopio vinculados a la estructura —en uno de ellos, en el municipio de Galapa, se incautaron 91,3 kilos de cocaína junto con equipos de dosificación—, aunque las propias autoridades reconocen que cada golpe puntual afecta apenas una fracción de las rentas totales de la organización, que se recomponen con rapidez en otros puntos de expendio.
Una tregua que terminó, y una expansión que no se detuvo

Parte del crecimiento reciente de la criminalidad en el Atlántico está atado, paradójicamente, al fin de un intento de pacificación. En septiembre de 2025, alias Castor y Digno José Palomino Rodríguez, líder de la estructura rival Los Pepes, pactaron una tregua desde la cárcel La Picota, comprometiéndose a cesar homicidios, extorsiones y robos en la región. Ese acuerdo se rompió el 20 de enero de 2026, y su fin no significó el debilitamiento de ninguna de las dos estructuras, sino su reconfiguración: según académicos que estudian el fenómeno, cuando estos grupos necesitan aparentar el cumplimiento de compromisos frente al Gobierno sin abandonar realmente su actividad criminal, la trasladan hacia otros municipios del departamento bajo nuevos nombres —”grupos de papel”, los llaman los expertos—, aunque se trate, en la práctica, de las mismas estructuras y los mismos mandos.
El resultado de esa dinámica es medible: solo en el primer semestre de 2026, el Instituto Nacional de Medicina Legal registró 670 homicidios en el departamento del Atlántico, en un contexto de disputa creciente no solo por el microtráfico, sino también por las rentas de la extorsión y el préstamo gota a gota entre Los Costeños, Los Pepes y una escisión más reciente conocida como La Nueva Generación o Los del Freseo.
El punto que conecta todo
Es en ese contexto de expansión sostenida, rentas millonarias y capacidad de reinvención donde cobra sentido la pregunta que ahora investiga el gobierno de De la Espriella: ¿cómo logró una estructura de este tamaño operar durante años con relativa impunidad en municipios como Soledad y Malambo? Las presuntas alianzas con figuras políticas locales, si se confirman, no explicarían un hecho aislado sino una condición estructural: un grupo armado no sobrevive dos décadas, sobrevive a treguas rotas, capturas masivas y crece pese a la presión policial únicamente si además de fuerza armada y capacidad económica, cuenta con algún grado de protección o tolerancia desde las instituciones que deberían combatirlo.





