Trump plantea la posibilidad de “quedarse” en Irán y “quedarse con el petróleo, como en Venezuela”

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Asegura que no le importa la reunión entre los países del golfo Pérsico e Irán de este lunes, finalmente aplazada

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado este domingo la posibilidad de “quedarse” en Irán y “quedarse con el petróleo, como en Venezuela”, en lugar de replegar a las fuerzas norteamericanas desplegadas alrededor de la República Islámica tras un hipotético fin de la guerra que en la última semana ha insistido en situar en torno a las elecciones de medio mandato estadounidenses, las ‘midterms’, el próximo 3 de noviembre.

“Al final nos iremos. A menos que decidamos quedarnos y quedarnos con el petróleo, como en Venezuela”, ha declarado ante los medios de comunicación reunidos ante su visita al Irish Open de golf, celebrado en Doonbeg, en la costa occidental de Irlanda.

El inquilino de la Casa Blanca ha insinuado este escenario tras ser preguntado acerca de una reunión planeada inicialmente para el lunes entre los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo –Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, y Qatar–, Irak e Irán. “No me importa. Es cosa suya”, ha declarado antes de mostrar cierta aprobación por el encuentro si así “son felices” los países involucrados, añadiendo, eso sí, a Israel.

El encuentro, que iba a tener lugar en la ciudad de Salalah, en el sur de Omán, ha sido finalmente suspendido, según ha informado en redes el ministro de Exteriores omaní, Badr al Busaidi. “En aras del consenso, se ha pospuesto la reunión regional prevista para mañana (lunes) en Salalah”, ha indicado para, a renglón seguido, subrayar que en Mascate siguen “comprometidos con el fomento de un diálogo que respalde la estabilidad y la cooperación duradera” en Oriente Próximo.

También el Ministerio de Exteriores qatarí lo ha confirmado, alegando que el objetivo de posponer la reunión es “garantizar las condiciones adecuadas para un diálogo constructivo que propicie acuerdos sostenibles, apoyando la seguridad y la estabilidad regionales y satisfaciendo, al mismo tiempo, las aspiraciones de los pueblos a la cooperación y la paz”.

El aplazamiento habría llegado “a petición de algunos países de la región y por decisión conjunta de Omán e Irán”, según ha afirmado el director de Asuntos del golfo Pérsico del Ministerio de Exteriores iraní, Mohamad Alí Bek, en una entrevista con la agencia iraní IRNA.

Contexto: una guerra que ya lleva más de seis meses y varios ceses el fuego rotos

Para dimensionar el peso de la frase de Trump, hay que recordar de qué guerra habla. El conflicto actual entre Estados Unidos, Israel e Irán se inició el 28 de febrero de 2026 con una serie de bombardeos aéreos por sorpresa contra ciudades iraníes, en medio de negociaciones diplomáticas que se llevaban a cabo en Ginebra. Los ataques terminaron con la vida del propio líder supremo de Irán, Alí Jameneí, además de miles de víctimas civiles y militares en ambos bandos. Según cifras difundidas por fuentes iraníes, la cifra de muertos en el país persa supera los 3.500, mientras que fuentes estadounidenses e israelíes elevan a más de 6.000 las bajas militares iraníes.

No es, además, la primera vez que Washington y Teherán acuerdan —y rompen— un alto el fuego en este ciclo de violencia. Ya en junio de 2025 Trump había anunciado el fin de lo que llamó la “Guerra de los Doce Días”, una tregua que se sostuvo hasta los nuevos ataques israelo-estadounidenses de febrero pasado. En abril de este año se firmó un nuevo cese el fuego de dos semanas, mediado por Pakistán, que buscaba sentar las bases de un acuerdo definitivo; ese armisticio también se derrumbó meses después, cuando el propio Trump declaró en julio que la tregua había “TERMINADO” en mayúsculas, según sus propias palabras en redes sociales.

Es en ese historial de promesas de retirada incumplidas donde cobra sentido la frase de este domingo: Trump no solo insinúa una permanencia militar indefinida en territorio iraní, sino que la vincula directamente al control de los recursos petroleros del país, en un paralelismo explícito con el modelo que su administración ya viene aplicando en Venezuela.

El paralelismo con Venezuela no es retórico: ya está en marcha

La comparación de Trump con Venezuela no es una simple figura de discurso. Desde la caída de Nicolás Maduro en enero de este año y su posterior captura y traslado a Estados Unidos, Washington ha ido flexibilizando de forma progresiva las licencias del Tesoro (OFAC) que permiten a empresas petroleras extranjeras operar en territorio venezolano bajo supervisión estadounidense. Chevron, Shell, BP, Eni, Repsol y, más recientemente, GeoPark bajo control del Grupo Gilinski, ya operan bloques petroleros venezolanos bajo ese esquema, en acuerdos que reparten la producción entre las compañías, el nuevo gobierno interino de Delcy Rodríguez y el propio Estado venezolano.

Que Trump use ese modelo como referencia explícita para Irán sugiere que no se trata de una ocurrencia improvisada frente a la prensa, sino de una lógica de política exterior que la administración ya viene ensayando en otro escenario: mantener presencia militar o de influencia en un país tras un cambio de régimen o el fin de un conflicto, a cambio de acceso preferencial a sus recursos energéticos. La diferencia sustancial es que Irán, a diferencia de Venezuela, no tiene hoy un gobierno colapsado ni un cambio de poder consumado —la República Islámica sigue en pie pese a la muerte de Jameneí—, lo que convierte la propuesta de Trump en una hipótesis bastante más audaz y de más difícil ejecución práctica que el caso venezolano.

La reunión aplazada: una señal de las tensiones regionales, no solo bilaterales

El otro elemento de esta nota, la suspensión de la cumbre entre los países del golfo Pérsico e Irán prevista para este lunes en Salalah, tampoco puede leerse como un simple contratiempo de agenda. La reunión buscaba sentar en la misma mesa a los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo, Irak e Irán, en un intento de diálogo regional que excluía deliberadamente tanto a Estados Unidos como a Israel de la negociación directa —Trump lo remarcó él mismo al aclarar que aprobaría el encuentro solo si “son felices” los países del Golfo, “añadiendo a Israel” como condición implícita—.

El comunicado oficial omaní habla de una decisión tomada “en aras del consenso” y “a petición de algunos países de la región”, una fórmula diplomática que normalmente encubre desacuerdos de fondo entre los propios convocados más que un simple problema de calendario. Que el aplazamiento haya sido, según fuentes iraníes, una “decisión conjunta de Omán e Irán” sugiere que Teherán prefirió ganar tiempo antes de sentarse con sus vecinos árabes mientras la Casa Blanca sigue insinuando escenarios de permanencia militar y control de recursos que cambian por completo el terreno de cualquier negociación regional.

Lo que queda por verse con Trump

La frase de Trump deja abierta una pregunta de fondo que trasciende la anécdota del día: si Estados Unidos vincula cada vez con más frecuencia el fin de sus intervenciones militares al control económico de los recursos energéticos del país intervenido —primero Venezuela, ahora Irán como hipótesis—, la discusión sobre “cuándo termina” una guerra empieza a depender menos de acuerdos de paz tradicionales y más de negociaciones sobre quién se queda con qué. Con las elecciones de medio mandato de noviembre como referencia temporal que el propio Trump ha mencionado reiteradamente, el calendario político interno estadounidense parece estar, cada vez más, entrelazado con el desenlace de un conflicto que ya lleva más de seis meses activo y varias treguas rotas a sus espaldas.

Con información de Europa Press


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