Las horas más oscuras de La Habana
Sin diésel venezolano, con centrales obsoletas y bajo la presión de Washington, el régimen de Díaz-Canel enfrenta el desenlace de un relato sin luz ni margen de maniobra.

Sin diésel venezolano, con centrales obsoletas y bajo la presión de Washington, el régimen de Díaz-Canel enfrenta el desenlace de un relato sin luz ni margen de maniobra.
Por Humberto Barros F. / Lo que presenciamos en Cuba es el desenlace inevitable de un relato fallido: una narrativa de hadas que prometió un edén y que, para sostener el espejismo del socialismo, siempre necesitó que un tercero pagara la cuenta.
Tras la extracción de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la agonía del régimen fundado por los Castro terminó de quedar expuesta. Hoy, la dictadura viste el rostro de Miguel Díaz-Canel en la vitrina, pero mantiene los hilos apretados en la sombra bajo el control del estamento militar y la dinastía familiar.
Apenas dos horas de electricidad al día en las zonas no turísticas, un sistema de salud colapsado y el cerco de sanciones sobre las empresas fachada del régimen han precipitado la isla al caos. Diversos analistas advierten que Cuba está a un paso de la «haitianización», a menos que el Partido Comunista entienda que se le agotó el margen y ceda. La población simplemente no da más.

En Washington, Donald Trump y Marco Rubio siguen con lupa la presión sobre la cúpula. La Casa Blanca aguarda una rendición incondicional al estilo del emperador Hirohito, negociada a través de Raúl Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, el nieto con más peso dentro del entramado. Mientras tanto, el país real grita desde la penumbra: van seis apagones generales en lo que va del año y el horizonte solo promete más tinieblas. De las siete centrales termoeléctricas que acumulan casi cuatro décadas de abandono y remiendos, solo dos se mantienen en pie. El jueves pasado, el 70 % del territorio quedó a oscuras, a ciegas y sin respuesta.
Desde las entrañas de la isla, la disidencia señala que el declive se aceleró a mediados de 2024 y se volvió irreversible cuando Venezuela cerró definitivamente el grifo de diésel en enero. Aunque el ejecutivo de Díaz-Canel intenta capear la crisis con compras de emergencia de paneles solares, la logística resulta ridícula frente a la magnitud del colapso.
El reloj corre y la gran incógnita es cuánta miseria más pueden soportar los cubanos de a pie. Ellos son las víctimas estructurales; no la élite del apartheid castrista, que apenas hoy empieza a sufrir tensiones de caja por la estampida del turismo y a experimentar, si acaso, algún racionamiento intermitente en sus privilegiados búnkeres residenciales.

Rubio entiende desde el Departamento de Estado que una victoria temprana en La Habana le otorgaría un capital político de oro para ser el sucesor, especialmente frente a un JD Vance desgastado por el frente iraní. Aunque cueste creerlo, Cuba vuelve a ser una ficha caliente en el tablero geopolítico global, pero esta vez con más hambre, una emergencia sanitaria desbordada y una parálisis energética tan profunda que hace ver el Periodo Especial de los noventa como un recuerdo apacible.
“Patria o Muerte”, rugía el Che… claro, cuando en los bolsillos sobraba la plata y en los cables sobraba la luz.





