Entre delirios y algoritmos: el preocupante trino con el que Petro desconoce las urnas y proclama a Cepeda

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Por Humberto Barros F. – La transición política en Colombia entró de golpe en el terreno de lo insólito. Ante lo que se perfila como un alarmante desvarío o una abierta desconexión con la realidad institucional, el presidente Gustavo Petro pateó definitivamente el tablero democrático.

Mediante un extenso y caótico trino, el mandatario saliente declaró que no reconoce la victoria de Abelardo de la Espriella y, en un acto que roza el delirio político, proclamó de manera unilateral al filósofo Iván Cepeda como el “verdadero” presidente de los colombianos. Con este pronunciamiento, Petro rompe una tradición histórica de respeto a los resultados y despierta profundas dudas sobre su estado frente a las riendas del país a pocas semanas de entregar el poder.

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La justificación del jefe de Estado para semejante desconocimiento institucional parece sacada de un guion de espionaje transnacional. Petro asegura tener datos detallados sobre un servidor en Los Ángeles, California, desde el cual supuestamente se inyectaron algoritmos sofisticados para alterar la votación en favor de De la Espriella, utilizando el censo de las personas que nunca votan.

La lista de culpables en el radar del mandatario es tan extensa como inverosímil: acusó a la firma de inteligencia israelí Black Cube de alterar el sistema, a la empresa de lobby Balart de lavar la imagen del presidente electo frente a Donald Trump, y llega a denunciar que la Registraduría entregó el control electoral a agencias extranjeras de forma “torpe o corrupta”.

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Detrás de la pirotecnia técnica de sus acusaciones —que incluyen anécdotas personales como que ya habían votado a nombre de su hijo—, lo que verdaderamente enciende las alarmas es el tono divisivo y la falta de piso institucional del mensaje.

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Al equiparar la derrota de su candidato con “el más duro golpe a la soberanía desde la reconquista española”, Petro abandona su rol de jefe de Estado para convertirse en un agitador de base.

La gravedad de no reconocer al mandatario que asumirá el próximo 7 de agosto, sumada a su convocatoria para que las “mayorías nacionales” salgan a las plazas este 20 de julio, se lee como un peligroso salto al vacío que busca deslegitimar la democracia a punta de retórica tuitera.

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