El “paro extorsivo” que arrodilló al comercio en Barranquilla, Soledad y Malambo

Comparte este artículo

Por Juan Valencia, Redacción Política – Las persianas abajo y las calles inusualmente vacías en sectores comerciales de Barranquilla, Soledad y Malambo no son una casualidad; son el reflejo del miedo. La circulación masiva de panfletos amenazantes obligó a cientos de personas, desde el tendero del barrio hasta el transportador y el vendedor ambulante, a suspender sus actividades para proteger la vida. La consigna que hoy imponen las estructuras criminales en el departamento del Atlántico es tan clara como asfixiante: aquí, bajo la ley del terror, todo el mundo tiene que pagar.

Detrás de este freno en seco a la economía local hay una violenta vendetta y un reacomodo de fuerzas que va mucho más allá de la extorsión tradicional. La región enfrenta una disputa armada integral por el control territorial. El botín de las bandas delincuenciales hoy abarca desde las rutas de microtráfico hasta redes dedicadas a la invasión y venta fraudulenta de tierras rurales y suburbanas.

Organizaciones con amplio historial como Los Costeños y Los Pepes se baten a sangre y fuego en una guerra que se ha recrudecido con la irrupción de facciones disidentes como La Nueva Generación. En medio de ese fuego cruzado quedan atrapados los ciudadanos de a pie, quienes denuncian que ya no hay sector económico que se salve de la intimidación.

En las calles y los gremios locales la indignación es evidente. Existe la firme percepción de que la política de Paz Total del gobierno de Gustavo Petro terminó fortaleciendo a la delincuencia en lugar de contenerla. Los controvertidos acercamientos y mesas de diálogo urbano con jefes criminales recluidos, como alias Castor y Digno Palomino, son vistos hoy como un salvoconducto que les permitió reorganizar y potenciar sus estructuras desde las cárceles. Los recientes baches en ese proceso y el estancamiento de los diálogos dejaron como saldo una oleada de sicariatos y zozobra que parece no tener freno.

Para complicar aún más las cosas, la seguridad del departamento quedó atrapada en el ajedrez político del país. Tras la victoria presidencial de Abelardo de la Espriella, la tensión entre el presidente Gustavo Petro y el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, se agudizó notablemente. Mientras el gobierno central y las administraciones locales se trenzan en discursos ideológicos y señalamientos mutuos por los resultados electorales, la ciudadanía siente que la Policía y el Ejército carecen de directrices claras, convirtiéndose prácticamente en espectadores pasivos ante el avance del crimen organizado.

Frente a la parálisis y el desespero colectivo, el alcalde Alejandro Char salió a rechazar el accionar de estos grupos, asegurando que se está trabajando de manera intensa y coordinada con las autoridades para devolver la tranquilidad y la confianza al territorio, afirmando que no se permitirá que el miedo altere la vida de la gente y anunciando una pronta reunión con De la Espriella para plantear una estrategia ante el crimen en Barranquilla desde el próximo 7 de agosto.

Comparte este artículo