Bogotá tiene gerente y el poder del voto cristiano se consolida con “El Tigre”

Bogotá ya tiene su gerente presidencial. El mandatario Abelardo de la Espriella —”El Tigre”, como él se bautizó ante su propia base electoral desde la campaña— presentó este martes a la exconcejala Clara Lucía Sandoval como la encargada de coordinar los grandes proyectos de la capital entre el Gobierno nacional y la Alcaldía. Lo hizo junto al alcalde Carlos Fernando Galán, en una reunión en el Palacio de San Carlos donde los abrazos y las bromas no lograron esconder del todo las diferencias de fondo que separan a los dos mandatarios.
Quién es la nueva gerente de Bogotá

Clara Lucía Sandoval no es una desconocida en la política bogotana: fue concejala de la ciudad durante varios períodos, incluido uno en el que coincidió con el propio Galán en esa corporación, allá por 2008. Pero su perfil va mucho más allá del Concejo. Desde los 24 años es pastora de la Misión Carismática Internacional, la iglesia cristiana fundada por César y Emma Claudia Castellanos, y ahí tiene buena parte de su músculo electoral.
Su hoja de vida política tiene un hilo conductor claro: ha rechazado públicamente y en repetidas ocasiones el derecho al aborto, llegando a calificarlo como “un asesinato” que hay que combatir “para que la vida se respete desde la concepción”. Fue además la autora del proyecto de acuerdo “Ruta por la Vida”, aprobado por el Concejo de Bogotá, que impone barreras adicionales al acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en la ciudad —y que el propio Galán objetó a comienzos de este año.
Sandoval no llega sola con esta agenda. Se suma a un grupo cada vez más visible dentro del gobierno de De la Espriella: el director del Fondo Nacional del Ahorro, Marco Acosta, y la ministra de Educación, Viviane Morales, también se han manifestado en contra de la adopción y el matrimonio igualitario, y han promovido explícitamente incorporar “valores bíblicos” a las políticas del Estado.
La lista, de hecho, ya incluye una cartera completa. El ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio, Jaime Andrés Beltrán, es también pastor cristiano —hijo de pastores— y llegó al gabinete tras ser alcalde de Bucaramanga, cargo del que fue destituido por el Consejo de Estado por doble militancia. Conocido como el “Bukele colombiano” por su discurso de mano dura en seguridad, Beltrán fue coordinador nacional de regiones durante la campaña presidencial de De la Espriella, la misma que lo llevó, junto con Sandoval, Acosta y Morales, a engrosar la cuota del ala cristiana dentro del actual gobierno.
“Esta gerencia no llega a competir con la Alcaldía ni a crear más burocracia”, aseguró De la Espriella al presentarla. “No hay espacio para las diferencias políticas cuando lo que está por medio es la calidad de vida de millones de ciudadanos”, añadió, en un intento por bajarle tensión al nombramiento.
Los abrazos no tapan el fondo: la sombra de Rodrigo Lara
El tono de la presentación fue cordial, casi jocoso: Galán destacó que el Gobierno nacional avaló el levantamiento de la restricción ambiental para la ampliación de la autopista Norte, a lo que De la Espriella respondió entre risas “lo hicimos en 24 horas” y le recordó al alcalde que tiene su número de teléfono personal para resolver lo que necesite.
Pero la foto de cordialidad convive con una tensión que no es nueva. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, ha sido uno de los funcionarios más críticos del gobierno Galán desde afuera, y esa distancia entre el Ejecutivo nacional y la Alcaldía de Bogotá es justamente lo que la nueva gerencia dice querer resolver “sin crear burocracia” ni “competir” con el Distrito.
El capítulo más reciente de ese pulso es el de las cámaras de fotomultas. Este mismo lunes, Lara calificó como “un abuso con los bogotanos” la autorización que recibió la Alcaldía para instalar 41 nuevas cámaras de fotodetección en corredores como la NQS, la Calle 26 y la Avenida de las Américas. No es la primera vez que el ministro se pronuncia en ese sentido: desde que era candidato a la Alcaldía, Lara ha sostenido que el sistema de fotomultas de Bogotá funciona más como un mecanismo de recaudo que como una herramienta real para salvar vidas, y ha pedido revisar la transparencia de los contratos asociados. La discusión no es menor: solo el Distrito ha instalado 258 cámaras de fotodetección, la mayor cantidad del país.
El propio Galán marcó el contraste con el gobierno anterior al agradecerle a De la Espriella su disposición a trabajar con la ciudad: “Venimos de una etapa en la que había dudas e intentos de frenar los grandes proyectos de la ciudad”, dijo, en referencia al gobierno de Gustavo Petro. Pero ese agradecimiento convive con roces como el de las fotomultas, que sugieren que la relación entre la Presidencia y la Alcaldía está lejos de ser tan fluida como buscó mostrarse en la reunión de este martes.
Qué prioriza el Gobierno para Bogotá
Más allá del debate sobre el perfil religioso de la nueva gerente, De la Espriella fue concreto en las prioridades que discutió con Galán: en infraestructura, el Metro de Bogotá es la bandera, con la ambición declarada de dejar financiada hasta la cuarta línea del sistema. En seguridad, el mandatario habló de aumentar el pie de fuerza de la Policía en la capital y reforzar la tecnología para combatir el crimen.
Un cargo con antecedente: la lección de la era Santos

/ Foto diario El Espectador
La figura de un gerente o consejero presidencial para Bogotá no es nueva. En su primer gobierno, Juan Manuel Santos creó en 2012 la Alta Consejería para Asuntos de Bogotá, con funciones muy similares a las que hoy se le atribuyen a Sandoval: asesorar al presidente en las políticas que el Gobierno debía coordinar con el Distrito y hacerles seguimiento, además de facilitar el diálogo entre la Nación, la ciudad y los municipios vecinos.
Esa consejería, que en su momento asumió la exministra Gina Parody, terminó fusionándose por decreto con la Alta Consejería Presidencial para las Regiones, hoy a cargo de la abogada barranquillera Valerie Lafaurie. El antecedente deja una pregunta abierta sobre la nueva gerencia de Sandoval: si logrará mantenerse como un espacio de coordinación efectiva, o si terminará absorbida —o vaciada de funciones— con el paso del tiempo, como ocurrió con su predecesora.
El tablero que queda
Con este nombramiento, el gobierno de “El Tigre” deja dos señales al mismo tiempo: la de un gesto de mano tendida hacia Galán en materia de infraestructura y seguridad, y la de un fortalecimiento claro del ala cristiana dentro del gabinete y las entidades del Estado. Ambas señales tendrán que convivir en los próximos meses con las diferencias de fondo —empezando por el aborto— que ya separan a la nueva gerente de la propia Alcaldía que dice no querer competir.





