Una riada de hielo y lodo dejó cientos de muertos en Nepal, y el drama todavía no termina

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Por Jhon Cárdenas_ Redacción Política / Una avalancha de hielo y roca desprendida de un glaciar en el Himalaya desató, la madrugada del miércoles, una de las peores tragedias que ha vivido Nepal en años. La ola de agua, lodo y escombros arrasó pueblos enteros en la frontera con el Tíbet (China), en plena temporada de peregrinaciones religiosas, y dejó una cifra de víctimas que sigue subiendo hora tras hora: hasta este jueves, la Policía de Nepal reportaba 353 muertos y 826 personas desaparecidas, según el último balance difundido por CNN. En el lado chino de la frontera, las autoridades sumaron al menos tres fallecidos más.

Qué pasó exactamente

El desastre se originó en el distrito de Rasuwa, una zona montañosa del norte de Nepal pegada a la frontera con el Tíbet. Según explicaron especialistas del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (Icimod), una masa de hielo y roca se desprendió de un glaciar del lado nepalí y cayó sobre el río Lhende Khola, un afluente del Bhotekoshi, represándolo temporalmente. En cuestión de minutos, esa represa natural acumuló millones de litros de agua, y cuando la presión rompió el tapón de hielo y roca, se liberó una ola devastadora que hizo subir el nivel del río Trishuli nueve metros en solo media hora.

El torrente arrasó a su paso las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi, además de golpear con fuerza el vecino distrito de Nuwakot, sepultando viviendas bajo el lodo, derribando puentes y destruyendo carreteras y centrales hidroeléctricas. Videos de vigilancia difundidos por la AFP muestran cómo, en cuestión de segundos, la pared de agua y escombros engulló un edificio de varios pisos en el lado chino de la frontera mientras sus habitantes corrían para salvar su vida.

No es la primera vez que ocurre algo similar en esta misma zona. En agosto de 2025, el desborde de un lago glaciar en el Tíbet —causado por altas temperaturas— ya había dejado nueve muertos y dañado la infraestructura fronteriza, incluido un puente que conecta ambos países. Según Icimod, el río Lhende Khola se ha desbordado dos veces en apenas catorce meses, un patrón que expertos vinculan directamente con el cambio climático: el derretimiento de los glaciares del Himalaya se ha duplicado desde el año 2000, lo que desestabiliza las laderas rocosas e infiltra agua en las grietas, dejando la región cada vez más expuesta a este tipo de colapsos repentinos.

Por qué había tantos turistas y peregrinos en la zona

La cifra de desaparecidos es tan alta en parte porque el desastre golpeó justo la ruta que miles de personas usan cada año para llegar hasta el monte Kailash, en el Tíbet, considerado un lugar sagrado tanto para el hinduismo como para el budismo, el jainismo y la religión bön. En el hinduismo, el Kailash es venerado como la morada del dios Shivá, y el cercano lago Manasarovar es uno de los sitios de peregrinación más importantes de esa tradición. Cada verano, cientos de peregrinos —sobre todo indios— recorren un sendero de gran altitud de unos 48 kilómetros alrededor de la montaña, a la que ningún escalador ha logrado subir oficialmente hasta hoy.

El distrito de Rasuwa, uno de los más golpeados por la riada, es justamente el punto de partida de esa ruta de peregrinación y también de la popular caminata de trekking al valle de Langtang, muy frecuentada por turistas extranjeros. La oficina de turismo de Nepal confirmó que al menos 133 de los ciudadanos indios desaparecidos formaban parte de esa peregrinación hacia el Kailash.

A eso se suma otro factor de temporada: este viernes 28 de agosto se celebra en Nepal el Janai Purnima, también conocido como “el Día del Hermano”, una festividad religiosa que este año llevó a decenas de nepalíes a caminar hacia el lago sagrado de Gosaikunda, otra ruta que también atraviesa la zona afectada. Las autoridades reportaron 62 nepalíes desaparecidos que hacían justamente esa caminata religiosa, además de al menos 28 policías con los que se perdió contacto.

La combinación de ambos eventos —la temporada alta de la peregrinación al Kailash y el festival del Janai Purnima— explica por qué una región relativamente poco poblada terminó concentrando a cientos de visitantes justo el día del desastre.

Quiénes son los extranjeros desaparecidos

La Junta de Turismo de Nepal informó que, del total de desaparecidos, 517 son ciudadanos extranjeros, provenientes de países como India, Estados Unidos, Ucrania, Malasia, Australia, Reino Unido y Canadá. Según cifras citadas por CNN, 65 de ellos son estadounidenses. Corea del Sur reportó, además, que varios de sus ciudadanos que trabajaban en la construcción de una central hidroeléctrica en la zona también están entre los desaparecidos, y Malasia confirmó que perdió contacto con 11 de sus connacionales que se encontraban en Rasuwa.

Entre los grupos organizados afectados hay al menos un contingente vinculado a la Fundación Isha, una organización con sede en India y presencia en Estados Unidos que organiza peregrinaciones anuales al Kailash. La empresa Trekkers Society, con sede en Katmandú y encargada de la logística del viaje, informó que perdió contacto con el grupo tras la inundación.

La respuesta ante la emergencia

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Habitantes cargan sus pertenencias por una carretera cubierta de lodo tras las inundaciones repentinas, el 27 de agosto de 2026 en Trishuli, Nepal.

Más de 3.000 trabajadores participan actualmente en las labores de rescate, según reportó CNN, con apoyo de excavadoras, perros rastreadores y helicópteros del Ejército de Nepal para acceder a las zonas más aisladas. Tanto el primer ministro nepalí, Balendra Shah, como su homólogo chino, Li Qiang, visitaron personalmente las zonas afectadas para supervisar la respuesta.

Varios países —entre ellos Australia, Reino Unido, la Unión Europea, Finlandia, Francia, Noruega y Suiza— emitieron una declaración conjunta de solidaridad con Nepal y pidieron a quienes se encuentran en las zonas afectadas seguir las indicaciones de las autoridades locales. Según medios internacionales, Australia coordina apoyo con Nepal, la ONU y la Cruz Roja, aunque hasta el momento el Gobierno nepalí no ha solicitado formalmente ayuda internacional.

Las autoridades advirtieron que el peligro no ha terminado: piden a los habitantes de las comunidades ribereñas de los ríos Bhotekoshi, Trishuli y Narayani mantenerse alejados de las orillas y trasladarse a terrenos más altos, ante el riesgo de que se forme un nuevo represamiento de agua, hielo y escombros que podría liberarse en cualquier momento.

Lo que viene

Con las labores de búsqueda todavía en curso y el terreno montañoso dificultando el acceso a varias zonas, es probable que la cifra de muertos y desaparecidos siga cambiando en los próximos días. Autoridades y organismos internacionales coinciden en un diagnóstico de fondo que trasciende esta tragedia puntual: el Himalaya, con sus valles estrechos, su alta concentración de glaciares y el calentamiento acelerado de la región, seguirá siendo un territorio cada vez más vulnerable a este tipo de desastres, con millones de personas —entre residentes, trabajadores y turistas— expuestas a un riesgo que, según los expertos, no hace más que crecer.


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