El vacío de la oposición venezolana mientras el chavismo capitaliza la tragedia de los terremotos

Con más de 4.000 muertos por el doble sismo, la ausencia en el terreno de figuras como María Corina Machado y el exilio deja el camino libre para que Delcy Rodríguez asuma la vocería total de la emergencia y fortalezca el control político del régimen con el permiso de Trump.
Por Redacción Internacional / La devastación dejada por el doble terremoto del pasado 24 de junio en la costa central de Venezuela no solo ha desnudado las profundas fallas en la infraestructura del país, sino también el agudo vacío de liderazgo que padece la oposición. Mientras las cifras oficiales ya superan los 4.000 fallecidos y los heridos rozan los 17.000, la ciudadanía se pregunta en las calles y en las redes sociales: ¿dónde están sus líderes políticos en el momento de mayor vulnerabilidad nacional?

Figuras de la primera línea opositora como María Corina Machado, Juan Guaidó y Leopoldo López han brillado por su ausencia en el terreno. Salvo por esporádicos comunicados o trinos de condolencias desde el exilio o el resguardo, la cúpula de la disidencia no ha logrado articular una respuesta sólida, una red de apoyo humanitario independiente o una presencia física que acompañe a las miles de familias atrapadas bajo los escombros y la pérdida de sus hogares. Para muchos analistas, esta parálisis evidencia una desconexión total con el dolor a pie de calle, dejando el tablero libre para que el régimen de Nicolás Maduro mueva sus fichas.
La contracara de este repliegue opositor la ha asumido el oficialismo, y de manera muy particular la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Convertida en el rostro visible de la emergencia, Rodríguez ha tomado el mando operativo de la crisis recorriendo zonas de desastre como Macuto en el estado de La Guaira, coordinando de primera mano la entrega de toneladas de alimentos y el despliegue de miles de rescatistas internacionales. Poner la cara ante los medios y firmar los balances de la tragedia le está permitiendo a la funcionaria no solo centralizar la vocería, sino edificar un liderazgo de facto en un momento donde el poder en Caracas suele fragmentarse.

El peligro latente de este escenario es puramente político. En la historia contemporánea, las grandes crisis de origen natural suelen ser el escenario perfecto para que los regímenes cuestionados oxigenen su narrativa mediante el control de la ayuda y la propaganda del “Estado protector”. Al abandonar el espacio público y no disputar el terreno de la solidaridad y la gestión de la crisis, la oposición venezolana le ha regalado al chavismo una oportunidad de oro para relegitimarse, demostrando que, mientras unos se quedan en la retórica de las redes, el palacio de Miraflores —con Delcy Rodríguez a la cabeza— se consolida controlando el territorio y la narrativa del desastre.
Sin embargo, la gente está liderando por su cuenta marchas y protestas, exigen investigaciones por la forma como todo se derrumbó y por los permisos dados durante las más de dos décadas de chavismo para construir sin seguridad alguna en La Guaira y Vargas, a esto se suma el abandono de los equipos de emergencia y salvamento, inexistentes y probados a la hora del desastre. Ahora, EEUU podría estarse desmarcando de la actuación del gobierno interino y de las evidencias que deja el doble sismo de cómo fue manejado y saqueado el país petrolero que impera que haya una transición rápida dejando a un lado los negocios pactados con los herederos de Nicolás Maduro.
El verdadero desastre actual desnudó todo el legado del chavismo y demuestra que más que nunca la necesidad de un liderazgo que asuma la reconstrucción no sólo de las zonas de desastre sino de todo el país, hay problemas de salud en campamentos y el resto de Venezuela, hay hambre, apagones, faltan medicamentos, ambulancias, maquinaria amarilla y demás. Venezuela ha colapsado a pesar de sus miles de millones de dólares congelados y de sus miles de barriles de petróleo que a diario llegan a los mercados.
PD/ En Venezuela se menciona que la familia Cabello aprovechó el interinato de Delcy Rodríguez para apoderarse de Petroquímica de Venezuela, S.A. (Pequiven) y de paso tomar las riendas de Monomeros en Colombia para usar todos sus recursos financieros internacionales para muchos otros negocios con el visto bueno del saliendo gobierno de Gustavo Petro. La pregunta es: ¿el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella permitirá que esto siga ocurriendo?





