Sencia, El Campín y la pregunta que nadie responde, ¿dónde están los 900.000 dólares de BTS?

Un solo oferente, 29 años de concesión, el “tiburón” de Shark Tank al frente y una cancha destrozada. La historia de El Campín deja una pregunta de fondo sin responder, ¿perdió Bogotá su mítico estadio?
Dirección Editorial El 7 / Una cancha destrozada después de dos conciertos de BTS bastó para que Bogotá se hiciera una pregunta que llevaba años esquivando, para quién trabaja El Campín. La respuesta está en el contrato con el que el Distrito le entregó el estadio a Sencia. Hoy ese contrato tiene al IDRD hablando de multas y cláusula penal, a la Contraloría de Bogotá con una indagación preliminar y al Concejo exigiendo cuentas.
Para entender cómo se llegó hasta aquí hay que volver a 2018, a la alcaldía de Enrique Peñalosa, cuando varias firmas privadas le presentaron la iniciativa de renovar el complejo. Mauricio Hoyos, hoy CEO de Sencia, ya figuraba entonces como inversionista y miembro de la junta. El proyecto sobrevivió seis años y se concretó el 28 y 29 de diciembre de 2023, a tres días de que Claudia López dejara el cargo, con un solo proponente, el consorcio Complejo Cultural y Deportivo El Campín. No hubo competencia. Bastó con presentarse. Carlos Fernando Galán heredó el contrato, lo mantuvo y su administración firmó el inicio de la concesión el 29 de octubre de 2024, por 29,2 años.

Quien quedó al frente es conocido por la televisión. Hoyos fue “tiburón” de Shark Tank Colombia y Shark Tank México, y es hermano de la exviceministra TIC María Carolina Hoyos Turbay, que a su vez es hermana del senador asesinado Miguel Uribe Turbay. A principios de 2026 el negocio cambió de manos. Corficolombiana, del Grupo Aval, compró el 51 % de Sencia y asumió el control de una obra que se anuncia en $2,4 billones. El concejal Juan David Quintero reveló un documento de esa venta de acciones, por cerca de $86.000 millones, y pregunta quién garantiza que el estadio prometido se construya. Sostiene además que el estadio debía estar listo en 2027 y que el calendario ya corre hacia 2028, y propone que Corficolombiana asuma directamente el contrato o que se resuelva.

Mientras la obra se aplaza, el estadio que sigue en pie no aguanta. En febrero el IDRD ya había calificado de “inaceptable” el estado de la cancha. El 13 de octubre la Dimayor canceló el Millonarios contra Once Caldas por falta de condiciones mínimas para los jugadores. Antes, las jugadoras de Santa Fe habían tenido que disputar en Tunja la final de la liga femenina, porque el estadio estaba ocupado con el montaje de los conciertos. Para uno de ellos, según Semana, Sencia llegó a retirar por completo la grama. Y el director del IDRD, Daniel García, reconoció la raíz del problema, el contrato original, adjudicado en el gobierno de López, no traía evaluación ni indicadores de seguimiento sobre la grama.
La plata de la cancha
Ahí entra el dinero. Quintero denunció que BTS habría pagado cerca de 900.000 dólares adicionales, unos $2.800 millones, precisamente para el mantenimiento de la grama que terminó en el estado que se vio, y lo preguntó sin rodeos: “¿Dónde está esa plata?”. Lo único que se conoce, dice el concejal, es que un contratista de Sencia le pagó al IDRD $488 millones en especie por usar el Parque La Florida. Le pidió a Hoyos copia del contrato con BTS y sigue esperándola.
Sencia respondió que el contrato de los conciertos lo firmó con la promotora Páramo y que el alquiler del estadio incluye componentes para el mantenimiento de la grama y la infraestructura. No dijo si los 900.000 dólares son un pago adicional, cómo se distribuyeron ni qué relación tienen con el acuerdo en especie. Hasta ahora la cifra es una afirmación del concejal, no un hecho comprobado, y esa es justamente la zona gris que el contrato debería despejar.
Fútbol o conciertos
Todo desemboca en una duda que ya nadie evita. Bogotá se quedó sin estadio de fútbol en pleno torneo mientras el escenario se alistaba para los conciertos, y cada vez más voces se preguntan si al concesionario le sirven más los conciertos que el fútbol. Es una pregunta y no una conclusión, porque las condiciones económicas del contrato siguen sin conocerse completas. Pero el Distrito, que ya habla de multas y cláusula penal, tendrá que responderla.
Y como si faltara algo, el predio también está en disputa. Los familiares de Nemesio Camacho, el donante original del terreno, demandaron y exigen la devolución del predio o el pago de su valor comercial, estimado en $563.000 millones, por un presunto desvío del uso deportivo prometido.
Queda un estadio entregado sin competencia, una cancha que no sirve para jugar, una pregunta por cerca de $2.800 millones sin respuesta y una duda de fondo que el Distrito ya no puede seguir esquivando, para quién trabaja El Campín.





