Carlos Suárez le saca bandera blanca a Uribe: ¿derrotada “La Manada”?

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El principal operador de la campaña de Abelardo De La Espriella frena el ataque de su propio equipo de influencers y busca cerrar la disputa con el expresidente, apelando a la unidad del sector y blindando la majestad presidencial.

Por Juan Valencia_Redacción Política / Después de semanas de una escalada retórica que amenazaba con fracturar al bloque de derecha, Carlos Suárez, el cerebro detrás de la campaña de Abelardo De La Espriella, ha optado por un movimiento de contención. En un extenso mensaje, el autodenominado “exabogado” levantó la bandera blanca y pidió una tregua formal al expresidente Álvaro Uribe Vélez, enmarcando la decisión no como una rendición, sino como la defensa de un principio superior: la protección de la majestad presidencial.

El conflicto había cobrado una vida propia. Un grupo de jóvenes activistas e influencers, conocidos como “La Manada”, se había encargado de hostigar al Centro Democrático con una virulencia que llegó a salpicar directamente a Uribe. Suárez, quien en el pasado no tuvo empacho en calificar al líder uribista como “fósil político”, pareció aupar inicialmente esa confrontación. Sin embargo, el expresidente, viejo zorro de la política colombiana y rival implacable de quien le haya plantado cara (basta recordar el destino político de Juan Manuel Santos o Gustavo Petro), respondió con la contundencia habitual, marcando un límite claro que la campaña del “Tigre” no podía ignorar sin un costo electoral altísimo.

Lejos de asumir una derrota, Suárez recalibró su posición con la frialdad de un litigante experimentado. En su comunicado, aseguró que él y su equipo fueron utilizados como el “florero de Llorente” en una maniobra destinada a golpear la majestad presidencial de quien pronto ocupará el Solio de Bolívar. “Me precio profundamente de haber sido abogado”, escribió, recordando que el ejercicio del derecho le enseñó a resolver dicotomías acudiendo al bien superior de la Patria.

Bajo esta premisa, el arquitecto de la campaña desplegó su nuevo mantra: “La majestad presidencial no se toca”. Una regla que, según su relato, aplicó en su momento con el propio Uribe y que ahora exige aplicar con De La Espriella. Con un movimiento quirúrgico, propuso al expresidente “pasar la página” y honrar mutuamente sus respectivos roles en la historia del país. “Yo doy por cerrada, de manera unilateral, la discusión pública”, sentenció, redirigiendo de inmediato la energía de sus seguidores hacia la construcción de la “Patria Milagro”.

En el ajedrez político, este movimiento es una clásica y efectiva jugada de supervivencia. Al ofrecer la tregua de manera unilateral, Suárez no solo desactiva un frente de guerra que su candidato no necesita, sino que le quita el oxígeno a una batalla que Uribe sabe pelear mejor que nadie.

Suárez sale del episodio con su narrativa bajo control y su dignidad intacta. Lección aprendida: en la política, levantar la bandera blanca a tiempo no es un acto de cobardía, sino la prueba máxima de que se sabe leer el tablero antes de que la partida se pierda por completo.


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