Cuando David Murcia se retractó y destapó la jugada que buscó torcer una elección presidencial

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Por Redacción Editorial / David Murcia Guzmán, el cerebro de DMG, una de las pirámides más exitosas y devastadoras que ha visto Colombia, acaba de mandar un documento a la Fiscalía retractándose de todo lo que dijo contra Abelardo de la Espriella, su abogado en el proceso que lo mandó 30 años a prisión por lavado de activos.

La retractación llega meses después de que Murcia soltara, en plena campaña presidencial, dos acusaciones que hicieron ruido nacional, que De la Espriella no le devolvió 5.000 millones de pesos de honorarios y que le pidió 760 millones para mover congresistas a favor de un proyecto de ley que afectaba el negocio de la pirámide.

De ambas cosas se retractó por escrito. Pero el expediente judicial no es tan limpio como sugiere ese papel. Durante el juicio, la Fiscalía presentó una grabación en la que un socio de DMG aseguraba haber entregado esos 760 millones al abogado para hacer lobby en el Congreso. De la Espriella reconoció que recibió esa plata el 30 de octubre de 2008, pero insistió en que era por honorarios. Se conoció también que cinco semanas después, el 4 de diciembre de 2008, De la Espriella compró un apartamento y lo pagó de contado por 700 millones de pesos.

La confesión que cambia todo el relato

Lo verdaderamente grave no es la retractación en sí, es la razón que Murcia dio para explicarla. En el documento, aseguró que sus señalamientos “estuvieron precedidos de expectativas” que le plantearon “sectores cercanos al gobierno nacional anterior”, relacionadas con una eventual vinculación como gestor de paz y la posibilidad de acceder, por esa vía, a su libertad.

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Es decir, el hombre que estafó a cientos de miles de colombianos reconoce que le ofrecieron una salida de la cárcel a cambio de hundir al hoy presidente en plena campaña. Y no es la primera vez que Murcia coquetea con esa figura, en mayo de 2023 ya le había escrito una carta al gobierno Petro pidiendo ser reconocido como gestor de paz.

El momento del traslado tampoco es casualidad. Murcia pasó de La Picota, en Bogotá, a la cárcel de máxima seguridad de Palogordo en Girón, el 30 de agosto, sin que las autoridades hayan explicado por qué. Esa orden la dio el Inpec, que depende del Ministerio de Justicia, hoy en cabeza de Iván Cancino, el mismo abogado que representó a De la Espriella en el proceso disciplinario que se abrió por la denuncia original de Murcia. Un ministro que fue defensor del hoy denunciado terminando ahora al mando de la entidad que decide dónde duerme el denunciante.

¿Una chambonada que no logró su objetivo?

Al final, esta movida con Murcia se cae por su propio peso y queda como lo que parece haber sido desde el principio, una chambonada armada a las carreras para tratar de sacar del camino a De la Espriella antes de que llegara a la Casa de Nariño. Usar a un estafador condenado, con un historial de manipular a miles de personas, como arma electoral de último momento no habla bien de quienes lo orquestaron ni de la desesperación con la que se buscó frenar esa candidatura.

El resultado está a la vista, De la Espriella ganó la presidencia, y Murcia terminó confesando el montaje desde una celda de máxima seguridad. La jugada no solo no funcionó, terminó exhibiendo con nombre propio a quienes intentaron torcer una elección presidencial usando a un preso como instrumento.

Vale la pena recordar, además, el papel de Daniel Coronell durante esa campaña. Fue quien recogió las acusaciones de Murcia contra De la Espriella, y también se la jugó por Iván Cepeda, a quien le dio la última entrevista antes de la jornada electoral, cerrando incluso sus charlas preguntándole al entrevistado si le había parecido que había quedado bien.


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