“Los Verónicos”: la corrupción que todos vieron venir (y nadie quiso detener)
"Los Verónicos", el círculo cercano a Verónica Alcocer, bajo la lupa por Ecopetrol, Papá Pitufo y un estilo de vida de lujo que la Fiscalía investiga.

El país ha visto desfilar a Los Pelusos, Los Rastrojos, Los Pachenca, Los Costeños, Shottas y Espartanos, todos armados y con motivaciones políticas de fondo. Lo nuevo es una corrupción que no dispara un solo tiro y que se nota de inmediato en cada mansión, cada arriendo de lujo y cada catalán que llegó pobre y hoy vive como magnate.
Por Humberto Barros F.
Colombia ha escuchado hablar de decenas de organizaciones criminales que empiezan o terminan justificándose en la política. Los Pelusos, Los Rastrojos, Los Pachenca, Los Costeños, Shottas, Espartanos, todas lideradas por hombres violentos que imponen su voluntad a bala, y varias de ellas protagonistas, en algún momento, de intentos de sometimiento colectivo a la justicia, como el que el propio gobierno Santos tramitó para las bacrim en 2018. Lo que estamos viendo ahora con “Los Verónicos” es distinto, y en cierto modo más insultante, porque no necesita un fusil: es corrupción pura y dura, del tipo que se delata sola, con estilos de vida que se salen de cualquier cánon y lujos que ningún salario público explica.
El ejemplo más claro tiene nombre propio, “Los Verónicos”, el círculo de confianza que se formó alrededor de la exprimera dama Verónica Alcocer durante los años del gobierno de Gustavo Petro. Según reportó El Colombiano, ese grupo estaba integrado por los catalanes Xavier Vendrell y Manel Grau Pujadas, Juan Fernández, el constructor condenado por fraude procesal y falsedad documental Víctor Hugo Sierra Gutiérrez, y Yeirson Andrés Gamero Martínez, amigo cercano de los dos primeros. Los catalanes llegaron a Colombia, según cuentan quienes los conocieron, sin gran fortuna, y terminaron nacionalizados y con acceso privilegiado a la Casa de Nariño.
El nombre no es nuevo, pero su significado cambió. La propia Ángela Benedetti, hermana del ministro del Interior Armando Benedetti, contó en una entrevista que durante la campaña de 2022 existía un grupo que se autodenominaba “Los Verónicos”, integrado por quienes Alcocer mantenía cerca de sí, presuntamente para alejar del entonces candidato a cualquier mujer que le generara celos. Hoy el mismo nombre se usa para algo mucho más grave, un entramado que las investigaciones periodísticas ligan a la financiación de la campaña presidencial, al escándalo de los dineros de alias Papá Pitufo y a movimientos dentro de Ecopetrol.
Lo de Ecopetrol no es un detalle menor. En julio de este año volvió a sonar el nombre de Víctor Sierra en una denuncia contra Manel Grau, acusado de estafar a un grupo de empresarios que le habrían entregado 4.900 millones de pesos a cambio de la promesa de inversiones y contratos con la petrolera estatal, supuestamente respaldada por llamadas en altavoz con Alcocer y con el entonces presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa. Según los denunciantes, parte de ese dinero terminó en manos de Sierra, y aseguran tener videos que lo probarían.
Y hablando de Roa, basta con ver lo que hoy se anuncia en las plataformas inmobiliarias de Bogotá para entender el estilo de vida que acompaña a este entramado. El penthouse 901 que Roa compartía con su pareja, Julián Caicedo, y que hace parte del proceso penal que enfrenta por presunto tráfico de influencias, salió al mercado en arriendo por 40 millones de pesos mensuales. Según la Fiscalía, Roa lo adquirió en 2022 por 1.800 millones cuando su valor comercial rondaba los 2.727 millones, una diferencia de casi 927 millones que la Fiscalía relaciona con favores posteriores a un contratista de Hocol, filial de Ecopetrol.
Ni qué hablar de la protagonista de esta historia. Mientras enfrenta una investigación preliminar de la Fiscalía por presunto fraude y lavado de activos, Verónica Alcocer ha llevado buena parte de este año una vida que el propio diario sueco Expressen ha documentado con detalle desde Estocolmo, entre clubes privados, fiestas de verano y un círculo de millonarios suecos. El embajador de Colombia en Suecia llegó a confirmar públicamente que ella misma se encargó de exponerse ante la prensa europea.
Es una comedia con muchos actores y pocas consecuencias visibles todavía. El país ya conoce el patrón: escándalo, indignación, audios que se filtran, negocios que se caen dentro del propio clan, y al final, la sospecha de que todo esto termine en impunidad. Colombia ha cambiado de villanos, de las balas a las cuentas bancarias, pero el desenlace que tanto teme el ciudadano de a pie sigue siendo el mismo de siempre.
PD. ¿Qué tiene de malo vivir en Teusaquillo, en Park Way, en Chapinero, en Santa Isabel, en el Centro o en La Candelaria, sectores de Bogotá donde a diario se ven afiches y grafitis en homenaje al expresidente Gustavo Petro? Si tanto cree en ese proyecto y en esos barrios, ¿por qué él no vive en ninguno de ellos, sino en urbanizaciones y edificios exclusivos del norte que cuestan miles de millones de pesos? De paso, ya que el penthouse 901 de Ricardo Roa está en arriendo por 40 millones al mes, ¿por qué no se lo compra?





