Santa Marta arde entre bloqueos y la cacería a las Autodefensas de la Sierra Nevada

En la operación policial del lunes murió Alias “Cholo” y seis miembros más de la ACSN, entre ellos el hijo de alias “Pinocho”, señalado como máximo jefe y financiador de la organización criminal. Buses incendiados en represalia, y el presidente ya le puso nombre al siguiente objetivo.
Por Juan Valencia -Redacción Política / La Sierra Nevada de Santa Marta volvió a ser zona de guerra este lunes. En una operación conjunta de la Policía, la Fuerza Aérea y la Fiscalía, cayó alias Cholo, señalado como el segundo cabecilla de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, la banda que la Fuerza Pública también identifica como los Pachenca.
El operativo dejó siete integrantes del grupo muertos, tres capturados y un arsenal que incluyó fusiles, lanzagranadas, pistolas y granadas de 40 milímetros, lo que el presidente Abelardo De La Espriella describió como “abundante material de guerra”. Cholo llevaba más de 15 años de trayectoria delictiva y estaba señalado de mover rutas de narcotráfico hacia Centroamérica.

La respuesta del grupo armado no se hizo esperar. Ese mismo lunes, Santa Marta amaneció con bloqueos y disturbios, y en redes circularon videos de buses incendiados por manifestantes.

Las autoridades atribuyen los desórdenes a la reacción de la organización contra los recientes golpes militares en su contra. De La Espriella fue directo al calificarlo: “Ahora pretenden intimidar a la población promoviendo un paro armado”. En el Consejo de Ministros de esa misma noche insistió en que no permitirá que se instale un paro armado en ninguna parte de su Gobierno, y anunció que viaja a Santa Marta para encabezar un Consejo de Seguridad y coordinar directamente las acciones para proteger a la población.
Este golpe no es aislado. Es el segundo mandazo contra la cúpula de las Acsn en menos de tres semanas. El 4 de septiembre, la Fuerza Pública abatió en Riohacha a alias Bendito Menor, otro cabecilla de la organización, junto con su pareja, alias La Bebecita, y dos hombres de su esquema de seguridad. Bendito Menor tenía una recompensa de hasta 1.000 millones de pesos y era, hasta entonces, el objetivo de mayor valor del Gobierno. Con Cholo, el mensaje del Estado ya tiene dos capítulos escritos en menos de un mes: quien desafíe a la Fuerza Pública, cae.
Y al final de su mensaje, De La Espriella no dejó dudas sobre quién sigue en la lista. “Sigues tú, Pinocho”, escribió, dirigiéndose a Fredy Castillo Carrillo, el hombre detrás de ese alias y máximo cabecilla de las Acsn, señalado de liderar la extorsión, el tráfico de cocaína y el sicariato en todo el corredor entre Santa Marta, Riohacha y la Sierra Nevada.
La advertencia llega apenas días después de que el propio Pinocho intentara adelantarse. En una entrevista con la periodista Salud Hernández-Mora, publicada en la portada de Semana, Castillo Carrillo se mostró dispuesto a entregarse: “Presidente, estoy dispuesto a entregarme”.

En la conversación, grabada desde la clandestinidad, se le vio intranquilo, pero sostuvo el mismo discurso que Colombia le ha escuchado a generaciones enteras de jefes armados: negó ser narcotraficante, dijo que su organización se financia con aportes del sector empresarial y del turismo y que apenas cobra un impuesto al narcotráfico que opera en su territorio, y agregó, sobre su propia situación, “me escondo, pero no estoy corriendo”. El Gobierno respondió sin ambigüedad. El presidente le dio a sus ministros de Defensa y Justicia un plazo de una semana para coordinar el sometimiento, y el Ministerio de Justicia zanjó cualquier expectativa de negociación blanda: “No habrá atajos”. El ministro de Defensa, el general en retiro Jorge Mora, respaldó la instrucción presidencial con la misma firmeza: “Actuaremos con firmeza frente a quienes continúan atentando contra la seguridad de los colombianos”.
La secuencia deja un patrón que ya es doctrina de este Gobierno. Primero cayó Bendito Menor. Ahora cayó Cholo. Y a Pinocho, que llegó a ofrecer entregarse, se le está tratando la propuesta con la misma dureza que a sus antecesores muertos: sométase ya, sin atajos, o corra la misma suerte. Es la promesa que De La Espriella hizo desde que asumió y que ha venido cumpliendo operación tras operación: o se someten, o son dados de baja.
Lo que queda pendiente es lo que más le duele a Santa Marta hoy: contener el paro armado que el grupo intenta imponer a sangre y bus quemado, en una ciudad que paga en las calles el precio de cada golpe que recibe la estructura que la ha sometido durante años.





