El fin de la fracasada “paz total” de Petro llega con el cierre de las mesas con Calarcá, los Pachenca y los Comandos de la Frontera

Por Juan Valencia_Redacción Política
El presidente Abelardo De la Espriella firmó este fin de semana el punto final de tres de los procesos de negociación más emblemáticos que dejó en marcha el gobierno de Gustavo Petro bajo su política de “paz total”. Con nueve resoluciones —tres por cada mesa clausurada— el mandatario terminó formalmente el diálogo con la disidencia de las Farc que comanda alias Calarcá, con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (antes conocida como Comandos de la Frontera) y con el espacio sociojurídico que se mantenía abierto con las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada, más conocidas como Los Pachenca.

El argumento se repite casi palabra por palabra en las tres resoluciones: pese a instalarse las mesas, una serie de hechos llevó al Gobierno a concluir que no hubo voluntad real de paz ni de someterse a la justicia por parte de estos grupos. Con esa justificación, De la Espriella no solo cerró los espacios de diálogo: también les retiró el reconocimiento como voceros a una decena de integrantes de estas estructuras —entre ellos Adolfo Ballesteros Fernández, Óscar Ojeda y Alexander Díaz Mendoza, el propio Calarcá— y le quitó a Gloria Quiceno su rol como jefa negociadora del lado del Gobierno. En el caso de Los Pachenca, la decisión fue aún más allá: el Ejecutivo ordenó reactivar las órdenes de captura contra sus líderes, entre ellos Daniel Bravo Arias y Orlando Pérez Ortega.
El cierre de estas mesas no ocurre en el vacío. La disidencia que lidera Calarcá ha sido en los últimos días blanco de operaciones militares con bombardeos, y el propio presidente ha anunciado en paralelo la reactivación de procesos de extradición a Estados Unidos contra varios cabecillas vinculados a estos mismos grupos, entre ellos alias Mocho Olmedo, alias Muñeca y alias Araña, señalados por delitos de narcotráfico, lavado de activos y narcoterrorismo. La lectura es clara: De la Espriella no solo desmonta la arquitectura de negociación heredada de Petro, sino que la reemplaza por una estrategia de presión judicial y militar directa contra las mismas estructuras con las que hasta hace poco el Estado colombiano se sentaba a dialogar.
Con este movimiento, la llamada “paz total” —bandera central del gobierno anterior— pierde tres de sus procesos más visibles, y el nuevo Gobierno deja como precedente que, de aquí en adelante, la permanencia en la mesa dependerá de resultados verificables y no de la sola voluntad de negociar.





