Se acabó el negocio de los ‘falsos recaudadores’: la nueva Ley de Música blinda a los compositores colombianos

Si le cobraban por poner música en su negocio pero la plata nunca llegaba al verdadero autor, el negocio se le acabó a los intermediarios fantasma. La nueva legislación invalida sus permisos y abre la puerta a demandas penales.
Redacción económica – Es una escena común en bares, restaurantes y eventos en Colombia: llega alguien a cobrar por el “derecho a poner música”, expide un recibo y el dueño del local paga para evitar problemas. El detalle es que ese dinero, casi siempre, se esfuma y nunca llega a los bolsillos de quien realmente escribió la canción.
Esa estafa, conocida en el sector como la de los “recaudadores impropios”, acaba de recibir un golpe mortal.
Con la reciente aprobación de la Ley 373 de 2025, conocida como la Ley de Música, se incluyó un salvavidas en su artículo 21: la figura del “Gestor Fraudulento”. En palabras simples, cualquier persona o empresa que cobre por la ejecución pública de canciones sin ser una sociedad de gestión colectiva (como Sayco) y sin representar legalmente al autor, estará cometiendo un fraude.
¿Qué cambia para los negocios y los músicos?
- Papel mojado: Los famosos “paz y salvos” que expedían estas empresas fantasma pierden todo su valor. La ley dicta que no tendrán ninguna validez jurídica.
- A pagar de su bolsillo: Estos intermediarios deberán indemnizar tanto al compositor al que robaron como al comerciante al que engañaron.
- Riesgo de cárcel: La norma remite directamente a los artículos 270, 271 y 272 del Código Penal, lo que significa que lucrar con la música ajena ahora puede terminar en la cárcel.
Desde la Asamblea General de la CISAC, Rafael Enrique Manjarrez Mendoza, presidente de Sayco, celebró la medida sin rodeos:
“Este artículo permitirá meter en cintura a agentes fraudulentos que, usando la fachada de gestión individual, son en realidad recaudadores impropios que cabalgan en la ilegalidad. Le asaltan la buena fe a los empresarios y se apropian inescrupulosamente de dineros que son de los verdaderos autores, usando personas de comodín para consumar el fraude sin distribuirle a nadie”.
Un paso gigante para que, de una vez por todas, la música que suena en el país se le pague a quien realmente la crea.
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