¿Se acaba el monopolio de Win Sports? La rebelión de los clubes, el factor político y las ofertas que acorralan al FPC

Por Redacción El 7 — El balompié profesional colombiano atraviesa una encrucijada inédita donde el espectáculo deportivo, la infraestructura de los estadios y los intereses financieros de los medios masivos han entrado en colisión. Con un torneo de nivel técnico cuestionado, sequía de títulos internacionales —cuya última gesta continental se remonta a la Copa Libertadores de Atlético Nacional en 2016— y tribunas que oscilan entre el vacío deprimente y los episodios recurrentes de violencia, la verdadera disputa del negocio no se libra en las canchas, sino en las pantallas.
La División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) oficializó la recepción de una “pluralidad de ofertas” internacionales por los derechos audiovisuales y digitales del Fútbol Profesional Colombiano (FPC) a partir de 2027. La licitación irrumpe justo en el punto más crítico del contrato vigente con Win Sports —propiedad del Grupo Ardila Lülle y RCN—, cuya exclusividad expira el 31 de diciembre.
La paradoja de Win Sports: altos ingresos, bajo afecto y rating esquivo

El modelo de negocio montado en torno a la canalización del FPC ha dependido históricamente de la exclusividad. Aunque RCN Televisión registra cifras de audiencia modestas en su señal abierta frente a sus competidores, el negocio del canal privado premium le aseguró un flujo constante de ingresos gracias a la suscripción obligatoria para los apasionados al fútbol.
Sin embargo, el descontento de la afición hacia la calidad de la producción, el costo del servicio y la mediocridad del producto en cancha generó una brecha entre los televidentes y el canal. La lógica mercantil ha sido clara: mientras las alcaldías alquilan los estadios públicos para captar rentas y los dueños de los equipos priorizan el cheque de la televisión por encima de la seguridad o el fortalecimiento de las canteras, el aficionado promedio paga el costo de un espectáculo deficitario.
La rebelión del ‘G-8’ y el fantasma de los 100 millones de dólares

El disparador de esta crisis no vino solo de las ofertas internacionales, sino de la presión interna. Pocas semanas atrás, los ocho clubes de mayor convocatoria en Colombia (Atlético Nacional, Millonarios, América de Cali, Junior, Santa Fe, Independiente Medellín, Deportivo Cali y Once Caldas) advirtieron formalmente que no cederán sus derechos de imagen si la Dimayor insiste en mantener el modelo de reparto equitativo.
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Actualmente, los 36 clubes afiliados a la Dimayor (tanto de la A como de la B) reciben una cuota similar de los derechos de televisión, lo que genera indignación entre los equipos grandes, quienes argumentan que sostienen el mayor porcentaje de las audiencias, las inversiones de nómina y el rating del país.
- Las ofertas sobre la mesa: En la licitación han entrado a competir gigantes globales del streaming y el entretenimiento como Disney, Paramount y la firma DAZN, además de propuestas independientes que tentarían la meta de los 100 millones de dólares anuales, duplicando el promedio de 50 millones que se pagaba anteriormente.
- La cláusula de preferencia: Win Sports guarda en el contrato una cláusula que le permite igualar cualquier oferta competitiva antes de perder los derechos. No obstante, la irrupción de plataformas multinacionales cambia las reglas del juego para la transmisión en dispositivos móviles y mercados internacionales.
El ajedrez político: la venida del nuevo Gobierno y el peso del Ministerio del Deporte

A esta disputa por las pantallas se suma una arista política insoslayable con el cambio de mando en la Casa de Nariño. Con la posesión de Abelardo De La Espriella este viernes —evento que contará con la transmisión oficial de RCN Televisión—, el tablero de influencias institucionales sufre una sacudida inevitable.
Tanto la Federación Colombiana de Fútbol como la Dimayor requieren permanentemente de interlocución fluida con el Ministerio del Deporte para resolver asuntos cruciales de legislación deportiva, viabilidad de espectáculos y regulación de apuestas. En ese ecosistema donde el poder mediático y el poder ejecutivo suelen cruzarse, la cercanía entre los grandes grupos económicos tradicionales y los nuevos liderazgos de gobierno podría convertirse en la última carta de palanca que intente jugar el canal para conservar un contrato que, en el papel puramente comercial, parece escapársele de las manos.
El desenlace del fútbol por televisión
La disputa por la televisión colombiana deja en evidencia la fragilidad de la estructura del FPC. Mientras la dirigencia debate si mantener el canal tradicional o migrar a las plataformas globales de streaming, la afición continúa exigiendo una transformación integral: estadios seguros, modernización tecnológica y un nivel competitivo acorde a los cobros que se le exigen al usuario. La decisión de la Dimayor en las próximas semanas no solo determinará en qué pantalla se verá el fútbol, sino cómo se repartirá el pastel millonario de la industria deportiva en Colombia.





