Meliá cierra el telón en Cuba: la cadena española abandona la isla tras décadas de explotar su turismo

La compañía que llegó a gestionar 34 hoteles y 14.000 habitaciones anunció el fin definitivo de sus operaciones el 24 de julio, alegando “dificultades operativas” en un país castigado por el bloqueo y la crisis energética.
Redacción Internacional / Meliá Hotels International ha dado el paso definitivo y completará este 24 de julio su salida total de Cuba, poniendo fin a una presencia de décadas en la que se consolidó como el principal operador turístico extranjero en la isla. La decisión, comunicada este martes a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), marca el cese de toda actividad de gestión, comercialización y uso de marca en el país caribeño, cerrando un capítulo que durante años generó controversia por la explotación del sector turístico en medio de la crisis económica cubana.
La cadena balear, que en su momento de mayor expansión llegó a gestionar hasta 34 hoteles con cerca de 14.000 habitaciones, justificó el repliegue en las “notables dificultades de carácter operativo, legal, económico y financiero” que afectan de forma persistente al entorno cubano. Según la compañía, estas condiciones “imposibilitan de hecho y de derecho una mínima estabilidad operativa”, obligándola a abandonar un mercado que durante años fue fuente de importantes ingresos.
Un retiro escalonado que no sorprendió
El anuncio del 24 de julio no fue del todo inesperado. Ya el pasado 3 de junio, Meliá había iniciado el proceso de desinversión notificando la cancelación de contratos en un bloque inicial de 15 hoteles, entre los que se encontraban emblemáticos como el Gran Hotel Bristol en La Habana Vieja, Paradisus Varadero y Sol Varadero Beach. En aquel momento, la medida incluía la retirada inmediata de gestión y uso de marca, pero dejaba la puerta abierta a una posible negociación.
Las presiones ejercidas por el Gobierno de Donald Trump, que dio un ultimátum para que a primero de junio las empresas extranjeras liquiden operaciones que involucren al conglomerado militar GAESA, propietario de Gaviota, provocó la salida de Meliá de 15 de sus hoteles y ahora ha dado lugar a su cierre definitivo tras la orden ejecutiva emitida por Estados Unidos a mediados de julio con la que sancionaba al Ministerio de Turismo (Mintur), el principal impulsor y promotor de la industria en la isla y dueño de los otros grupos hoteleros estales: Cubanacán, Gran Caribe e Islazul.
Sin embargo, la comunicación enviada este martes a la CNMV deja claro que no hay marcha atrás: la medida abarca ahora la descontinuación total del uso de sus marcas autorizadas, la actividad receptiva y toda la cadena de suministro local vinculada a la operativa. Es el adiós definitivo.
Según los informes financieros del primer trimestre de 2026, el negocio de Meliá en Cuba se vio “comprometido de forma significativa” como consecuencia de la intervención de Estados Unidos en la zona a comienzos de año. Esta situación derivó en una dificultad sobrevenida para la obtención de combustible y en la imposición de un estricto bloqueo comercial que golpeó de lleno al sector turístico.
La crisis fue tan severa que provocó la cancelación masiva de conexiones aéreas directas, incluidas las procedentes de Canadá, que históricamente ha sido el principal mercado emisor de turistas hacia Cuba. La falta de combustible de aviación dejó a la isla prácticamente incomunicada, y Meliá se vio obligada a acometer un cierre paulatino de sus establecimientos. Para finales de marzo, la cadena solo operaba al 50% de su capacidad instalada, una situación que lastró severamente sus indicadores operativos y anticipó el desenlace anunciado este martes.
Décadas de polémica por la explotación turística
La salida de Meliá de Cuba cierra un ciclo controvertido. Durante años, la compañía fue objeto de críticas por explotar el turismo en un país donde la población local enfrenta severas restricciones económicas y donde el sector turístico ha sido tradicionalmente una de las principales fuentes de divisas para el régimen. Activistas de derechos humanos y opositores al gobierno cubano denunciaron en múltiples ocasiones que la presencia de grandes cadenas hoteleras extranjeras, como Meliá, contribuía a sostener económicamente a un sistema autoritario, mientras la mayoría de los cubanos permanecían excluidos de los beneficios del turismo.
La empresa siempre defendió su presencia en la isla argumentando que su actividad generaba empleo y contribuía al desarrollo económico del país. Sin embargo, las cifras de este retiro revelan la magnitud de un negocio que durante años operó con decenas de miles de habitaciones bajo su gestión, convirtiendo a Meliá en el actor turístico extranjero más importante de Cuba.
Un mercado que se vuelve inviable
Para los analistas del sector, la decisión de Meliá refleja una realidad cada vez más cruda: operar en Cuba se ha vuelto financieramente insostenible. La combinación de sanciones internacionales, crisis energética, falta de infraestructura básica y un entorno legal hostil ha creado un cóctel tóxico para la inversión extranjera.
El grupo español no es el único que ha mirado hacia otro lado en los últimos meses. La tendencia en el sector turístico internacional muestra un repliegue progresivo de la isla, que ve cómo se alejan las posibilidades de recuperar un sector que fue vital para su economía durante décadas.
Ahora, con el cese total de operaciones a partir del 24 de julio, Meliá cierra una etapa histórica en Cuba, dejando atrás un legado marcado por la polémica, la explotación turística y, finalmente, la inviabilidad de continuar operando en un país que parece condenado al aislamiento.





