Matador y la supuesta libertad de expresión para humillar mujeres

Comparte este artículo

Por Jhon Cárdenas – Redacción El 7 / Lo de Matador contra la primera dama no fue un chiste desafortunado ni un exceso de la sátira. Fue una escena de matoneo digital con fotografía y destinataria. Un hombre que se cree intocable le habló a una mujer de “ratita” y “pati raquítica”, la animalizó y la ridiculizó por su cuerpo, y de paso fingió que reclamaba ayudas para los damnificados del terremoto de Pereira. Quien quiere fiscalizar al Estado pregunta por los recursos. Quien quiere humillar a una mujer empieza por el insulto, y él empezó por ahí.

image 17

El Gobierno lo dijo sin rodeos. El gabinete llamó misóginas la animalización y los ataques al aspecto físico y pidió a la Fiscalía examinar si hay conducta sancionable. Lo que corresponde ahora es que la justicia haga su trabajo y que nadie en el periodismo mire hacia otro lado. Especialmente cuando se revela un grave escándalo que involucra a la exprimera dama Verónica Alcocer que la izquierda busca minimizar.

Porque esto no es un desliz. Es un patrón. A la congresista Lina María Garrido la dibujó con una caricatura que muchos leyeron como burla a su supuesta “rabia”. A María Fernanda Cabal la comparó con un personaje que asusta a los niños, una bruja. Por una caricatura sobre Paloma Valencia, el Centro Democrático lo llevó ante el CNE. Vicky Dávila le respondió llamándolo “golpeador profesional de mujeres”. Siempre es el mismo guion, la mujer que lo contradice convertida en animal, en bruja o en rata.

Y detrás del guion hay una historia que él mismo ha tenido que reconocer. En 2023 salió a la luz un audio de 2013 en el que su esposa relata una agresión. El Tiempo anunció que lo suspendía y él confirmó su salida después de veinte años en el diario. Habló con Caracol Radio de la agresión que cometió contra su pareja hace una década. La ironía no puede pasar desapercibida. Perdió su espacio por un episodio de violencia contra una mujer, tras un choque con Abelardo de la Espriella, y hoy insulta a la esposa de quien ya es presidente.

Lo que vino después explica su desparpajo. Cayó de un medio y aterrizó en el ecosistema del poder. Llegó a Señal Colombia con un programa informativo en pleno gobierno Petro. El concejal Daniel Briceño denunció que RTVC le pagaba cerca de 16 millones de pesos mensuales por “asesorías” a través de la cooperativa Savi. Son denuncias de la oposición y deben tratarse como tales, pero la pregunta es de interés público. Si hubo plata del Estado, ¿se estaba financiando a un propagandista con licencia para insultar a quien piense distinto?

Ahí está la raíz del problema, en el amparo. Sin el paraguas del petrismo y de una izquierda que se dice feminista, este trino le habría costado el puesto, los contratos y la reputación. Con él, se disculpa como “humor” o se calla por conveniencia. Eso es peor que la ofensa misma, porque envía el mensaje de que la violencia verbal contra las mujeres se perdona cuando la comete uno de los nuestros. El feminismo que se activa o se apaga según el partido del agresor no es feminismo. Es oportunismo.

Y no es un tema menor. Colombia sumaba 89 feminicidios y 57.000 casos de violencia intrafamiliar a julio de 2026. En un país donde las mujeres mueren por ser mujeres, cada vez que un personaje con micrófono y miles de seguidores trata a una mujer como un animal alimenta un clima de desprecio que no se queda en las redes. Matador no pone el cuchillo, pero quienes lo aplauden, lo financian y lo protegen están ayudando a que ese clima se normalice.

Nadie le pide silencio, le exigen decencia. La libertad de expresión protege la crítica, la sátira y hasta el exceso. No es un salvoconducto para humillar mujeres, ni obliga al poder a cuidar a quien lo sirve.


Comparte este artículo