¿Cheque o visión de país? El dilema de la ANDI y el empresariado tras la colecta del terremoto

Por: Jhon Cárdenas_Redacción El 7 / La escena vivida en el Congreso Empresarial Colombiano (CEC) tuvo la fuerza efectista que requiere la política de la emergencia. En apenas unas horas, tras el anuncio de Bruce Mac Master de lanzar la campaña #EmpresasUnidasporColombia, la bolsa de donaciones pasó de $4.500 millones a más de $9.600 millones. En términos de respuesta humanitaria rápida, la cifra es relevante y demuestra el músculo financiero del gremio. Sin embargo, la pregunta de fondo para el desarrollo del país es otra: ¿basta con una gran colecta privada para enfrentar el desastre, o el empresariado se está quedando corto en su visión estratégica?
Del discurso de resistencia a la prueba de fuego
Durante los cuatro años de la administración de Gustavo Petro, la ANDI y su dirigencia desempeñaron un rol eminentemente defensivo. La narrativa gremial estuvo volcada a frenar las reformas laboral, tributaria y de salud, así como a proteger el tejido empresarial frente a discursos de expropiación, impuestos al patrimonio o incertidumbre sobre la regla de juego económica. En ese cuadrilátero, Mac Master fungió como el vocero de la trinchera.

Hoy, la realidad política e institucional ha cambiado drásticamente. Con el inicio del gobierno de Abelardo de la Espriella y la devastación causada por el sismo en Quibdó, Pereira, Manizales, el Valle, Risaralda y el Cauca, las amenazas al modelo de libre empresa han salido de la mesa. El empresariado ya no enfrenta un Ejecutivo hostil; enfrenta el veredicto del país real sobre su capacidad para liderar y reconstruir.
Ahí es donde la iniciativa filantrópica de la ANDI muestra sus costuras. Pasar el sombrero entre los afiliados para reunir una suma millonaria es lo esperado, pero no constituye una propuesta de desarrollo.
¿Qué van a proponer para el Chocó y el Eje Cafetero?

Un cheque no resuelve la desconexión histórica del Chocó ni levanta el tejido productivo destruido en Risaralda o el Valle. Si la ANDI pretende ser un actor determinante en este nuevo ciclo, no puede limitarse a canalizar ayudas en especie a través de fundaciones; debe presentar proyectos de fondo:
- Reconstrucción e infraestructura productiva: ¿Dónde están los planes de Obras por Impuestos para conectar vial y logísticamente a Quibdó con el resto del país?
- Salvamento del empleo local: ¿Qué incentivos o compromisos de inversión privada se van a fijar para que las pymes y pequeños comerciantes afectados en Pereira o Manizales no se vayan a la quiebra?
- Cadenas de abastecimiento: ¿Cómo va el gran comercio a integrar directamente a los agricultores del Valle y Cauca golpeados por la tragedia sin ahogarlos en intermediación?
¿Es hora de un giro de timón en la ANDI?

La movilización de solidaridad de Mac Master demuestra que conserva capacidad de convocatoria entre sus pares, pero también deja en evidencia la urgencia de una transición en el estilo de liderazgo gremial.
El perfil que funcionó para la confrontación pública y la trinchera mediática no es necesariamente el que requiere la fase de reconstrucción nacional. El país no necesita un gremio que solo reaccione con donaciones ante las crisis, sino una dirigencia propositiva, técnica y gerencial que se siente a la mesa con el nuevo Gobierno y los alcaldes locales a diseñar política pública de desarrollo regional.
Si la ANDI reduce su papel a ser la gran articuladora de la caridad corporativa, correrá el riesgo de quedar desfasada frente a los tiempos que corren. El terremoto borró las excusas: al empresariado ya no se le juzgará por lo que logró frenar en el pasado, sino por lo que sea capaz de construir en el presente.





