Israel bombardea el corazón de Hezbolá en Beirut mientras se juegan las negociaciones con Irán

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El ataque contra el barrio de Dahiya, una “línea roja” para Teherán, deja al menos tres muertos y pone en jaque las conversaciones entre Washington y la República Islámica

Por: Redacción Internacional

BEIRUT.- Israel no midió las consecuencias. Este domingo, mientras el mundo estaba pendiente de las tensas negociaciones entre Estados Unidos e Irán, la aviación israelí decidió cruzar una de las líneas rojas más sensibles del conflicto: bombardear el barrio de Dahiya, en el sur de Beirut, el bastión histórico de Hezbolá y el lugar donde el grupo chií tiene su centro neurálgico de operaciones.

El ataque, que según el Ejército de Israel buscaba destruir un “centro de mando” de la milicia, dejó al menos tres muertos y 15 heridos, según el último balance de la agencia oficial de noticias libanesa (NNA). Los misiles impactaron contra un edificio de apartamentos en la zona de Ghobeiri, provocando daños considerables en viviendas y comercios de la zona.

Pero más allá de las víctimas, lo que está en juego ahora es mucho más grande: las frágiles negociaciones entre Washington y Teherán, que Irán ha condicionado expresamente al cese de los ataques israelíes en Líbano. Y atacar Dahiya, para la República Islámica, no es cualquier cosa. Es como si bombardearan el Pentágono.

Quién era el comandante en la mira

Horas después del ataque, el embajador de Israel en Estados Unidos, Yachiel Letier, salió en su cuenta de X (antes Twitter) a dar nombres. Según la versión israelí, entre los fallecidos estaría Alí Mossa Dakduk, un alto comandante de Hezbolá que, según Letier, era “una figura clave en las operaciones militares del grupo en el sur de Líbano”.

La ficha que presentó el embajador es contundente: Dakduk habría sido responsable de un ataque contra tropas estadounidenses en Irak en 2007, habría estado preso en Estados Unidos y tendría una recompensa de 5 millones de dólares por su cabeza. Además, según la inteligencia israelí, supervisaba el llamado “Portafolio del Golán”, que serían los planes de Hezbolá para una posible incursión en el norte de Israel.

El problema es que Hezbolá, hasta el momento, no ha confirmado ni desmentido la identidad del fallecido. Y en este tipo de conflictos, el silencio suele ser tan elocuente como las palabras.

La justificación israelí

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no se anduvieron con rodeos. A través de un video publicado en redes sociales, anunciaron que habían lanzado “un ataque de precisión contra un centro de mando de la organización terrorista Hezbolá en Dahiya, Beirut”.

“El centro de mando atacado era utilizado por los terroristas de Hezbolá para promover complots terroristas contra los ciudadanos del Estado de Israel y las fuerzas de las FDI que operan en el sur de Líbano”, añadió el comunicado militar.

Pero el ataque no cayó del cielo. Horas antes, Israel había denunciado que Hezbolá lanzó proyectiles contra su territorio, en medio de una escalada de ataques y contraataques en la frontera sur. Según el Ejército israelí, al menos tres proyectiles impactaron en su territorio, y más tarde detectaron la entrada de “aparatos aéreos hostiles” en las localidades de Hanita y Adamit.

La respuesta no se hizo esperar: Israel ordenó la evacuación de casi treinta poblaciones cercanas a la frontera y desató una ola de bombardeos que alcanzaron casi una decena de localidades libanesas antes del golpe en Dahiya.

Dahiya: el lugar donde no se debía atacar

Para entender la gravedad de lo ocurrido, hay que saber qué representa Dahiya. No es cualquier barrio de Beirut. Es el corazón político y militar de Hezbolá. Es donde el grupo chií tiene sus oficinas principales, sus centros de operaciones y, según la inteligencia israelí, sus depósitos de armas.

Atacar Dahiya es, para Irán, el principal valedor de Hezbolá, una provocación inaceptable. Primero, porque es una zona urbana densamente poblada, donde viven miles de civiles. Segundo, porque es prácticamente una extensión de la propia República Islámica en territorio libanés.

Y justo cuando Irán había puesto sobre la mesa que cualquier acuerdo con Estados Unidos dependería del cese inmediato de los ataques israelíes en Líbano, llega este bombardeo. La timing, como dicen en el mundo de la inteligencia, no pudo ser peor.

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Los halcones de Netanyahu aprietan el acelerador

El ataque en Dahiya no es casualidad. Ocurre justo después de que los dos ministros más radicales del gabinete de Benjamin Netanyahu, el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, le exigieran al primer ministro que endureciera los ataques contra Hezbolá y los extendiera explícitamente al barrio beirutí.

Smotrich y Ben Gvir son conocidos por sus posturas maximalistas. Para ellos, la solución no es contener a Hezbolá, sino destruirlo. Y si para eso hay que cruzar líneas rojas y arriesgar las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, pues que así sea.

El problema es que Netanyahu, que siempre ha sido un maestro del equilibrio, ahora parece haber cedido a la presión de su ala más dura. Y eso tiene consecuencias.

Irán no se queda callado

La reacción de Teherán no se hizo esperar. Mohamed Baqer Qalifab, el jefe del equipo de negociadores de Irán y presidente del Parlamento iraní, salió a amenazar con romper las negociaciones en curso con Estados Unidos.

“El ataque de los sionistas demuestra una vez más que Estados Unidos o no tiene la voluntad de cumplir con sus compromisos o no tiene la capacidad para ello”, dijo Qalifab en un mensaje publicado en redes sociales.

Y aquí es donde la cosa se pone complicada para Washington. Porque Irán está diciendo, básicamente, que o Estados Unidos controla a Israel, o no hay acuerdo posible. “Al dar luz verde al régimen (Israel), es imposible que puedan obtener concesiones. El juego del ‘poli bueno’ y el ‘poli malo’ está pasado de moda”, advirtió el negociador iraní.

Traducción: si Estados Unidos no puede o no quiere frenar a Israel, entonces las negociaciones no tienen sentido.

El Ejército iraní promete respuesta

Pero no solo los políticos hablaron. El propio Ejército iraní emitió un comunicado advirtiendo que el bombardeo “no quedará sin respuesta”. Y cuando el Ejército de la República Islámica habla, el mundo entero presta atención.

No dijeron cuándo, ni cómo, ni contra quién. Pero la amenaza está sobre la mesa. Y en el delicado equilibrio de poder del Medio Oriente, una promesa de venganza como esa puede desencadenar una cadena de eventos impredecibles.

Lo que viene

Ahora, con el ataque en Dahiya, el tablero del Medio Oriente se ha vuelto aún más volátil. Por un lado, Israel ha demostrado que está dispuesto a cruzar líneas rojas para golpear a Hezbolá. Por otro, Irán ha dejado claro que no va a permitir que ataquen a su aliado sin consecuencias.

Y en medio, Estados Unidos, tratando de cerrar un acuerdo nuclear con Irán mientras su aliado Israel bombardea justo lo que Irán considera intocable.

Las próximas 48 horas serán cruciales. Si Irán decide responder militarmente, la escalada podría salirse de control. Si, por el contrario, Teherán decide absorber el golpe y seguir negociando, quedaría como un actor débil ante sus aliados.

Para Hezbolá, el ataque en su propio patio es un desafío existencial. No puede quedarse de brazos cruzados. Pero tampoco puede iniciar una guerra total sin el respaldo explícito de Irán.

Y para Netanyahu, el cálculo es aún más complejo. Sabe que atacar Dahiya era peligroso. Pero también sabe que, si no lo hacía, Smotrich y Ben Gvir lo hubieran acusado de débil.

En el Medio Oriente, cada movimiento tiene consecuencias. Y este bombardeo en Dahiya puede ser el detonante de algo mucho más grande. Solo el tiempo dirá si fue un cálculo estratégico brillante o un error histórico.


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