Sin Náfer Durán, el vallenato le dice adiós a un juglar

Por Jhon Cárdenas – Redacción El 7 / El vallenato se quedó sin uno de sus últimos grandes patriarcas. Murió Náfer Durán, el juglar que con su acordeón le cantó al amor, a la vida y al campo colombiano, y que en canciones como “Sin ti” dejó grabado ese ruego eterno de no dejar morir el amor, de no dejar sufrir al corazón que se desespera.
Náfer Santiago Durán Díaz falleció este martes en una clínica de Valledupar, a los 93 años, por quebrantos de salud asociados a afecciones cardíacas que lo habían llevado a varios ingresos hospitalarios en sus últimos años. La noticia fue confirmada por su hijo, el también compositor Luis Durán Escorcia, quien despidió a su padre en redes sociales llamándolo “el padre ejemplar” y agradeciéndole la satisfacción del deber cumplido.

Nacido el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, Náfer creció rodeado de acordeones y parrandas en una de las familias más determinantes en la historia del folclor vallenato. A los siete años ya interpretaba el instrumento que lo acompañaría toda la vida. Era hermano de Alejandro “Alejo” Durán, el primer Rey Vallenato de la historia, coronado en 1968 en la primera edición del Festival de la Leyenda Vallenata. Ocho años después, en 1976, Náfer alcanzaría su propia corona en la categoría profesional, consolidando el legado de una dinastía que marcó el nacimiento mismo del festival.
Ese mismo 1976 quedó ligado para siempre a otro capítulo fundamental del género: Náfer Durán fue el primer acordeonero en grabar junto a un joven Diomedes Díaz, en el álbum “Herencia Vallenata”, el debut discográfico del que años después sería conocido como el “Cacique de La Junta”. A esa producción aportó además tres composiciones propias, “Teresita”, “La invitación” y “Pobre negro”, dejando su sello de compositor en el primer trabajo de uno de los artistas más importantes de la música colombiana. Con el tiempo, Náfer recordaría con orgullo haber sido el acordeonero que le abrió esa primera puerta a Diomedes.
Su relación con el Festival de la Leyenda Vallenata tuvo otro momento memorable en 1983, cuando fue declarado fuera de concurso en una edición cuyo jurado integró el propio Gabriel García Márquez, un reconocimiento que el acordeonero atesoró el resto de su vida.
Con la muerte de Náfer Durán se apaga uno de los últimos juglares integrales que le quedaban al vallenato tradicional, un creador completo que dominó por igual el acordeón, el canto, la composición y el verso. Su partida deja un vacío profundo en la música colombiana y cierra, junto a la de su hermano Alejo, uno de los capítulos más importantes en la historia del género.





