“Pulso en la calle vs. maquinaria estatal”: Hassan Nassar radiografía una elección que las encuestas no terminan de interpretar

Por Humberto Barros F. para El 7
Un tinto en el Café Libertario bastó para que Hassan Nassar soltara el diagnóstico que muchos eluden: las matemáticas electorales no perdonan, las encuestas titubean y la oposición se desangra en vanidades mientras el oficialismo avanza. Periodista, exconsejero presidencial, columnista y, por primera vez, candidato al Congreso por el Centro Democrático —donde conoció de primera mano el frío de las urnas—, Nassar aceptó hablar con El 7 sin suavizar sus análisis. A horas del 31 de mayo, con Colombia partida entre tres candidaturas, nos sentamos con él sin guion. Su veredicto es pragmático: sin pactos, la segunda vuelta se pierde.
Hassan, estamos a días de que los colombianos voten y el candidato del Gobierno lidera en medio de un país desbarajustado. ¿Eso tiene lógica?
Pues la verdad es que el país está viviendo unas elecciones muy atípicas, porque hay un panorama electoral donde las encuestas, primero, han sido muy cuestionadas; se ha puesto en tela de juicio la veracidad del proceso con la nueva ley de encuestas. Pero, además, hay un escenario donde las últimas mediciones están cambiando rápidamente el voto de preferencia. Hace veinticinco días, si hubiéramos tenido esta entrevista, habríamos dicho que las posibilidades, por ejemplo, de Paloma Valencia de pasar a una segunda vuelta estaban casi claras. Hoy vemos que Abelardo de la Espriella puede incluso estar superando al señor Iván Cepeda en una primera vuelta, e incluso ganando en un escenario de segunda vuelta. Entonces, esto ha cambiado radicalmente en los últimos veinte o veinticinco días.

¿Qué va a pasar el 31 de mayo?
Es impredecible. ¿Por qué? Porque las encuestas nos dicen hoy que tenemos dos candidatos fijos: Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. Pero también hay una gran duda sobre cuál es la diferencia real entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Hoy, mientras tenemos esta entrevista, se habla de que Paloma Valencia está reforzando su campaña y se especula que el estratega principal, el señor Luis Duque, está saliendo o está siendo relegado. Lo que sí está claro es que hay movimientos muy fuertes. Mire, usted vio la movilización en los cierres de campaña este domingo. Lo que pasó en Barranquilla fue monumental; el cierre de campaña de Abel de la Espriella fue monumental. Pero también hay una realidad: Paloma Valencia sigue concentrando un voto fuerte que, si bien dicen que se ha reducido, sigue siendo contundente. Y también está claro: yo no veo que sea posible que alguno de los dos candidatos de la oposición pueda ganar si no hay una alianza en segunda vuelta.
Petro dice que, si él fuera candidato, sería reelecto.
Eso dicen todos los que gobiernan y no tienen la posibilidad, en Colombia, de la reelección inmediata.
Sí, porque Duque decía lo mismo.
Sí, todos han dicho lo mismo. Ahora, si lo mira bien, Petro tiene una altísima favorabilidad. Las encuestas —la última, por ponerle una referencia, del Centro Nacional de Consultoría o incluso de Invamer— lo ponen por encima del 40 % de favorabilidad, y algunas, cercanas al 48 %. Es una favorabilidad altísima, lo que nos demuestra que el presidente sí tiene un legado, una audiencia, un público que lo sigue y una masa votante que respaldará a Iván Cepeda. Eso es indudable. Y el país, en ese sentido, cambió. O sea, yo no sé si la reelección inmediata le hubiera dado a Petro garantías de ganar; lo que sí es un hecho es que sería un candidato que nadie podría desbancar.
Cepeda, hace una semana, aceptó dos apoyos de quienes él, hace unos años, consideraba impresentables: el señor Carlos Caicedo…
Con escándalos de todo tipo encima.
Y Roy Barreras.
HN: Sí, y Roy Barreras, que le toca, porque Roy aspiraba —incluso acuérdese usted— a derrotar a Iván Cepeda. No logró hacerlo en la medición de la consulta interna que él mismo promovió, pero lo cierto es que tiene que buscar cómo reencaucharse, porque, después de ese proceso electoral, Roy Barreras quedó en la lona. Y ahora, el único lugar donde lo van a recibir es con Iván Cepeda. Si Roy Barreras no acude, si no toca esa puerta, pues no tiene a dónde llegar. E Iván Cepeda, en este momento, después de ver las últimas mediciones y cómo está creciendo Abelardo de la Espriella, tiene que buscar alianzas, porque ya sabe que su triunfo en primera vuelta —del cual él hablaba— es imposible.
¿Será que a Cepeda le pasa lo que a Hillary Clinton con Trump? Creían que lo derrotaban fácil y ya vemos a Trump hasta reelegido.
HN: Mire, el pulso en la calle es claro: hay un outsider con respaldo popular innegable, Abelardo de la Espriella. Mientras, la maquinaria estatal al servicio de Cepeda —buses, empleados, contratistas— no lo hace crecer más allá del 35-37 % que marcan las encuestas. La pregunta es pragmática: para ganar se necesita 50 % más uno. ¿De dónde sacará Cepeda el voto restante si con toda la infraestructura del Estado no pasa del 37 % y hasta baja? Mientras, Abelardo —que marcaba 23-24 %— ya roza el 35-36 %. La realidad es simple: si el candidato de oposición que pase a segunda vuelta logra sumar los votos de su contrincante —Paloma o Abelardo—, hay fórmula ganadora. Cepeda lo sabe y por eso debe cambiar de dinámica: ir a debates, buscar alianzas y reunirse con Caicedo, Barreras y quien pueda pegársele para sumar contrapeso.
¿No cree que, con el respaldo de disidencias, Clan del Golfo y Los Costeños, Cepeda podría ganar en primera vuelta?
HN: Lo veo desde la matemática pura: en la segunda vuelta votarán entre 22 y 24 millones de colombianos. Es decir, se necesitan casi 12 millones para ganar. Paloma Valencia sacó casi 6 millones en consultas; Abelardo marca 37 % en encuestas (unos 7-7,5 millones); e Iván Cepeda, en su mejor escenario, llega a 8 millones. Ninguno alcanza los 12 millones solo. Todos necesitan sumar. Por eso la segunda vuelta será de alianzas a muerte. El que no pacte, no llega. La pregunta para Abelardo —el outsider que dice no necesitar alianzas— es si el voto de opinión le alcanzará para el 50 %. No lo sé. Los grupos ilegales ya definieron su apoyo a Cepeda, pero su presión es en zonas rurales. Esto se define en lo urbano: ¿quién gana Bogotá? ¿Quién se lleva los Santanderes? La Costa Caribe está dividida; el suroccidente, con Cepeda. El escenario está abierto.

Hassan, hay varios “cadáveres políticos” que deja esta primera vuelta: Vicky Dávila, Sergio Fajardo, Claudia López…
Roy, Murillo y otro montón.
¿Qué lección deja? ¿Tantos candidatos que sabían que estaban derrotados desde el inicio?
Hay que verlo en la coyuntura: quiénes son políticos tradicionales y quiénes no. Claudia López y Sergio Fajardo no entendieron que el centro se movió. Hoy hay nuevas figuras: Juan Daniel Oviedo representa más al centro y a su votante que ellos. Son protagonistas que no leyeron dónde estaba su caudal político, que ya se trasladó a otras figuras. En el caso de Fajardo, además: lo invitan legítimamente a sumar —como hizo Paloma Valencia con un café— y todavía no entiende que negar la alianza lo hunde más en la intrascendencia. Es lamentable. El otro escenario es el de los politiqueros de siempre. Roy Barreras jugó a vencer a Iván Cepeda con una jugada sucia y le salió mal: no entendió que los votos de la izquierda nunca fueron suyos, él es un politiquero. Esos votos siempre estuvieron con Cepeda. Ahora le toca sumar lo poquito que tenga para no quedarse por fuera del pastel electoral.
El caso Vicky merece atención…
En el caso de Vicky Dávila, sí es absolutamente incoherencia e incongruencia política. Una señora que hizo campaña desde una revista —financiada por su dueño—, se metió en una elección presidencial, perdió estrepitosamente, entró en una coalición, la traicionó —fue la única que no la apoyó—, volvió al periodismo a hacerle oposición a la candidata que ganó la consulta donde ella participó, y ahora termina haciéndole campaña al candidato que más atacó: Abelardo de la Espriella. Es la incoherencia más grande de la política.
¿Cree usted que desde la dirección del grupo Gilinski dieron la orden de parar los ataques a Abelardo de la Espriella y redirigirlos contra Paloma Valencia?
Mire, lo que está pasando hoy es evidente: El Heraldo ya tomó posición editorial a favor de Abelardo, y Semana —que antes atacaba a Abelardo y defendía a Paloma— dio un giro de 180 grados. Si usted me pregunta si desde el grupo Gilinski hubo una orden para parar los ataques a Abelardo y redirigirlos contra Paloma, la respuesta pragmática es: las líneas editoriales no cambian por casualidad. Me parece legítimo que los medios tomen partido; en Estados Unidos es constante y válido con las audiencias. Lo que no me parece respetable es que Semana se haya convertido, como dicen con criterio, en un partido político: sacó candidato propio, y cuando ese candidato se hunde en encuestas, vuelven y reciben en su línea editorial al que antes atacaron, para terminar atacando al que antes defendieron. Periodísticamente, eso es una vergüenza. Si esa es la línea editorial de Semana —jugar al candidato que, según las encuestas, tiene más posibilidades de ganar—, pues esa es su posición. Pero el costo reputacional para la revista y para Vicky Dávila me parece absolutamente desastroso: desastroso como político y desastroso como periodista.

¿Por quién va usted el domingo?
Colombia se juega el modelo de país. Y hay una amenaza latente: el candidato a vencer es Iván Cepeda, que representa un peligro institucional. Si Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo no pasan a segunda vuelta, y lo hacen Abelardo de la Espriella o José Manuel Restrepo, esos serán los nombres que habrá que apoyar. Aquí no nos jugamos la hoguera de las vanidades personales. Colombia debe decidir entre el modelo que representa Petro —y la radicalización de esa izquierda, con Cepeda— o defender las instituciones democráticas. Hoy hay dos campañas de oposición peleándose el paso a la segunda vuelta. La unión en esa instancia será inevitable: sin ella, será muy difícil derrotar a Cepeda, porque los números no dan. No creo en un triunfo en primera vuelta. Más allá del pragmatismo y el voto útil, la pregunta es: ¿qué candidato de primera vuelta tiene mayores posibilidades de vencer a Cepeda en la segunda? Pero también hay que ser congruentes: esperar resultados que permitan una candidatura viable, razonable y que sume para derrotar esa amenaza.





