Petro habla de fraude y entrega “datos”: ¿la jugada para caldear el país y sembrar un “M-31”?

El mandatario lanza cifras sobre el software y mesas alteradas, no solo para cuestionar la victoria de De la Espriella, sino para construir un relato de ilegitimidad. Una estrategia que revive las tácticas de insurrección de 1970 y deja la pregunta en el aire sobre el futuro de la democracia.
Por Juan Valencia – 2 de junio de 2026
Gustavo Petro no esperó. En plena campaña por la segunda vuelta, el presidente de la República publicó en su cuenta de X un mensaje extenso en el que asegura contar con “bases comprobadas” de un posible fraude en las elecciones del 31 de mayo. Y no se quedó en la denuncia: ofreció entregar la información a las autoridades competentes.
El mandatario fue específico en sus afirmaciones. Según su versión, el software electoral administrado por los hermanos Bautista fue modificado en dos oportunidades el 26 de mayo, cinco días antes de la votación, cuando por norma debería permanecer inalterado. La primera modificación, escribió, ocurrió a la 1:21:35 p.m.; la segunda, a las 7:21:13 p.m.
Petro detalló que esos cambios alteraron el censo electoral: de 41.421.973 cédulas oficiales a 42.307.373 en el sistema de conteo, una diferencia de 885.409 registros que, aseguró, “no se inscribieron en la fecha legal”. También denunció un aumento en el número de mesas: de 120.527 oficiales a 122.020 en el software de los hermanos Bautista.
El punto más delicado de su denuncia: 5.300 mesas con más de 300 votos registrados en un solo día, cifra que supera el límite legal por jornada. Algunas, escribió, llegarían hasta 700. En esas mesas, afirmó, se concentraría la ventaja de 635.000 votos que Abelardo De la Espriella obtuvo sobre Iván Cepeda.
“Puedo probar ante autoridad competente estos hechos. Entrego el dato completo de las 5.300 mesas”, cerró el presidente, sin especificar cuándo ni ante qué entidad presentará formalmente la información.
La Registraduría Nacional, por ahora, no se ha pronunciado sobre estas afirmaciones. En comunicados previos, la entidad ha sostenido que el escrutinio oficial —dirigido por jueces de la República— es el único con validez jurídica y que el preconteo tuvo una coincidencia del 99,94 % con los resultados definitivos. Además, recordó que el código fuente del software no se entrega por razones de seguridad, tal como lo han avalado conceptos técnicos y jurídicos.
Mientras tanto, la campaña por la segunda vuelta del 21 de junio sigue su curso. El equipo de De la Espriella ya anticipó que usará estas declaraciones para reforzar su narrativa de que “Petro quiere desconocer la voluntad popular”. Cepeda, por su parte, evalúa cómo capitalizar el respaldo del presidente sin depender excesivamente de un mandatario con aprobación dividida.
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¿Qué busca Petro con esta denuncia en este momento? La pregunta es inevitable. Algunos analistas ven en su mensaje un intento por activar a sus bases más radicales, aquellas que en 2021 protagonizaron las protestas más intensas del ciclo social reciente. Otros recuerdan que las narrativas de fraude han sido históricamente el combustible para movimientos de resistencia: la acusación de fraude contra Gustavo Rojas Pinilla en las elecciones del 19 de abril de 1970, por ejemplo, terminó alimentando la gesta del M-19, un movimiento que el propio Petro integró en su juventud.
¿Está el presidente sembrando la semilla de un futuro “M-31” que justifique la movilización callejera y hasta la conformación de un grupo armado si los resultados no le son favorables en la segunda vuelta? O, en una lectura menos conspirativa, ¿busca simplemente preservar su legado y blindar al progresismo ante un escenario electoral que percibe como hostil? Por ahora, la denuncia está lanzada. Lo que venga después dependerá de si las pruebas prometidas llegan a las autoridades o si el mensaje se queda en el terreno de la disputa política.





