Llegó la hora de la verdad en una elección reñida, incierta y convulsionada en Colombia

Por: Humberto Barros F. para El 7
Colombia se enfrenta este 31 de mayo a su segunda jornada electoral de 2026. Tras renovar el Congreso, los votantes decidirán quién ocupará la Presidencia durante los próximos cuatro años. No es un proceso cualquiera: está marcado por escándalos, denuncias cruzadas, fracturas internas y un velo de violencia que se creía superado pero que demostró estar latente. La muerte de Miguel Uribe Turbay en 2025 desnudó esa amenaza dormida; el asedio constante a los contendientes políticos la deja al descubierto.
La ponderación de encuestas sitúa a tres contendientes con opciones reales: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Los dos aspirantes de derecha, De la Espriella y Valencia, se han enfrentado con una virulencia inédita desde los comicios de los años noventa, cuando Ernesto Samper y Andrés Pastrana polarizaron al país. Mientras tanto, Cepeda, candidato del oficialismo, lidera la intención de voto, impulsado por el respaldo explícito y desproporcionado del presidente saliente, Gustavo Petro.
Según Google Trends, el orden de búsqueda coincide con el promedio ponderado de La Silla Vacía: Cepeda (Pacto Histórico) marca un 38 %, De la Espriella (Defensores de la Patria) un 30 % y Valencia (Centro Democrático) un 18 %, con Sergio Fajardo rezagado en un 3 %. Las matemáticas electorales son claras: ninguno parece capaz de alcanzar el umbral del 50 % más uno en primera vuelta. Todo apunta a una segunda ronda que, con alta probabilidad, enfrentará a Cepeda y De la Espriella. Dos visiones de país radicalmente distintas, separadas por un abismo ideológico.
Para muchos analistas y sectores empresariales, un triunfo de Cepeda genera inquietud. Sus anuncios apuntan a profundizar políticas que, bajo la administración Petro, mostraron resultados cuestionables, especialmente en salud, lucha contra la corrupción y orden público. A ello se suman sus declaraciones sobre ampliar la “paz total” —de la cual fue arquitecto—, prometiendo mesas de diálogo y concesiones a grupos armados y bandas criminales. Al mismo tiempo, con un tono confrontacional, ha instado a empresarios y emprendedores a “sentarse” a un “acuerdo nacional”, ubicándolos implícitamente como adversarios sin ofrecer contrapartidas.
En el mismo discurso, Cepeda ha señalado que el exministro Iván Velásquez, símbolo de su histórica confrontación con Álvaro Uribe Vélez, lideraría la lucha anticorrupción. Una promesa que resuena en un contexto donde la administración saliente ha enfrentado cuestionamientos sin precedentes: exministros tras las rejas, el hijo del presidente en proceso judicial y la primera dama bajo escrutinio por presuntas comisiones en la compra de aviones cazas a Suecia.
Del otro lado, Abelardo de la Espriella ha construido su campaña en redes sociales, enfrentándose abiertamente a la prensa tradicional y a la élite opinadora bogotana, que le ha dedicado cientos de columnas, hilos y transmisiones en su contra. Pese a ello, su movimiento ha crecido hasta superar en alcance al de Rodolfo Hernández hace cuatro años, a pesar de los señalamientos por su defensa legal de Alex Saab y otros clientes de su firma.
Lejos de permanecer al margen de esta fragmentación opositora, el presidente saliente ha convertido su salida en una maniobra de traspaso de poder. La gira de despedida de Gustavo Petro se ha sincronizado con la campaña de Iván Cepeda, compartiendo tarima y discurso. En Barranquilla, el despliegue fue más mitin que visita presidencial: tono incendiario, aliados señalados, rivales nombrados. Pero al acercarse el relevo, la contradicción salta a la vista: Petro deja más palabras que obras. Los presidentes se juzgan por legado, no por oratoria; sin embargo, esa ha sido su constante. Ahora, su prioridad parece clara: fijar su narrativa antes de ceder el mando.
Llegan las horas finales. Millones de colombianos decidirán si hay presidente en primera vuelta o si el país se prepara para una segunda jornada aún más álgida que lo visto desde 2025. Y no hay duda: esta contienda se definirá también en un nuevo ecosistema mediático. Las entrevistas con creadores de contenido —streamers, youtubers, tiktokers— han desplazado progresivamente a los medios tradicionales, reconfigurando cómo se informa, se persuade y, en última instancia, se vota.
