Gente seria

Por Humberto Barros F. para El 7
Por primera vez, el país entero vio cómo el siempre tranquilo y sereno Iván Cepeda Castro dejaba a un lado el discurso —habitualmente impreso en papel en su mano—, daba rienda suelta a la improvisación y empezaba a subir el tono, pasando de la serenidad a la furia en cuestión de segundos, lanzando improperios y rechazando haber sido derrotado en la contienda electoral.
El candidato del presidente Gustavo Petro ya no era el mismo al que los periodistas de El País de España —edición Colombia— le dedicaron horas antes un titular: “Iván Cepeda, el candidato inalterable que promete continuidad”. Todo lo contrario: estaba alterado, descontrolado, mientras esgrimía la tesis de su jefe político de no aceptar los resultados del preconteo que dieron como ganador a Abelardo De la Espriella, el outsider populista de derecha que obtuvo 10.361.499 votos, sacándole una ventaja de 673.138.
“Estafador, abogado de paramilitares y narcos, fascista, mafioso…”, gritaba Cepeda. Improperios que revelaban la frustración del “candidato inalterable” al perder en las urnas tras una campaña llevada “en caballito” por Petro. Su silencio fue estratégico: esperaba que desde Casa de Nariño se lanzara, sin pruebas, la acusación de fraude para ratificarla después. Petro habla de dudas con 800 mil cédulas; conociendo sus teorías, es fácil imaginar que el deseo es que se resten para darle la victoria a Cepeda y satisfacer los egos de una izquierda que, con más de 9 millones de votos y un engranaje de contratos, ha vuelto la codicia —casualmente, la palabra más repetida por Petro— en su bandera.
Cepeda amaneció hoy aparentemente arrepentido. Tal vez comprendió el error de cantar fraude sin pruebas. Ahora pide debate con De la Espriella, debates que no dio antes de la primera vuelta tras considerarse ganador absoluto, prepotente, lanzando frases contra el uribismo y asumiendo que ya eran ganadores. Cepeda asumió, sin ir a elecciones, que era el heredero de Petro, su sucesor en el trono y el inicio de una conquista de larga duración de la izquierda más radical en Colombia: aquella que pide verdad y exige justicia con superioridad moral, mientras guarda silencio sobre muchos de los crímenes de los camaradas que los apoyan.
Lo que viene ahora es una guerra sin cuartel entre dos bandos que no se van a dar tregua hasta el 21 de junio. Ayer tuvo sus primeras escaramuzas: De la Espriella, también desde Barranquilla, le dedicó fuertes palabras que calaron con su público. Calificó a Cepeda de “narcoterrorista”, mientras que a Petro lo tildó de “drogadicto y miserable”, advirtiendo de paso que no robaran los resultados electorales.
Sin embargo, hubo algo que llamó la atención. El senador y candidato presidencial por el Pacto Histórico utilizó la frase: “Queremos, porque somos gente seria, que eso se aclare”, con respecto a las supuestas inconsistencias denunciadas por Petro en la votación. “Somos gente seria”: una frase que podría pasar desapercibida otro día, pero que lanzada en tono amenazante desde una tarima tiene otra connotación. Recuerda su uso frecuente en Colombia cuando se lanza una advertencia: gente seria es gente que se va a hacer respetar como sea, así que aténganse a las consecuencias.
Pero la gente seria de verdad acepta el veredicto de las urnas y no sale a inventar fraudes para maquillar la derrota. Esa misma gente reconoce que su crecimiento político se dio al amparo de un gobierno marcado por denuncias de corrupción, desbordes fiscales y, sobre todo, por una seguridad fracturada. Ese es el talón de Aquiles de Cepeda: haber impulsado una "Paz Total" que, en los hechos, cedió terreno a las disidencias y al narcoparamilitarismo. No es casualidad que sus mayores bastiones sean esas zonas rojas donde ayer superó el 90 % de la votación; territorios que antes encendían alertas y que hoy, por conveniencia, se presentan como triunfo
Ser serio, al final, también es saber perder. Ser serio es no ver conspiración en que los votantes del rival usen la camiseta de la selección.

