Colombia se juega su futuro energético en el tablero del petróleo venezolano

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Por Redacción Editorial / El mundo entero tiene puestos los ojos en el petróleo y el gas de Venezuela, y Colombia llega a esa mesa con una ficha que no es casualidad: Joaquín Gutiérrez Caballero, el hombre de máxima confianza del presidente Abelardo de la Espriella, hoy al frente de Ecopetrol. Lo que está en juego trasciende las fronteras de los dos países: mientras Washington ya negoció con el chavismo nuevas concesiones sobre 17 campos productores, en Caracas los principales jugadores de la industria discuten esta semana, en plena Venezuela International Oil & Gas Summit, cómo ordenar un mercado de gas que, según sus propios protagonistas, tiene abundancia pero ningún orden.

“Tenemos demasiado gas. No es un problema ni siquiera de mercado. El tema es que tenemos que organizarnos”, resumió Santiago Fontiveros, de Sucre Energy Group, durante uno de los paneles centrales de la cumbre, donde quedó claro que Venezuela enfrenta una paradoja: parte de su demanda interna se abastece con gas costoso mientras otras zonas recurren al diésel pese a la disponibilidad del recurso. Fontiveros fue incluso más allá y mencionó explícitamente el interés que, según dijo, ya existe desde Colombia y Brasil por ese mercado regional, aunque advirtió que desarrollarlo depende primero de que Venezuela ordene su propia cadena doméstica.

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Delcy Rodríguez junto a Donald Trump durante su polémica reunión en Nueva York/ Foto: EP

Ahí es donde el tablero se vuelve estratégico para Bogotá. Erwyn Hernández, de Valesco Group, calculó en ese mismo foro que los 17 campos pactados entre Venezuela y Estados Unidos podrían tener asociados unos 24 billones de pies cúbicos de gas, un volumen que, dijo, debe planificarse desde ya y no tratarse como un simple subproducto del aumento petrolero. Entre las alternativas que planteó para ese gas apareció una que toca directamente a Colombia: recuperar las conexiones binacionales a través del gasoducto Antonio Ricaurte, la misma infraestructura que algún día conectó a ambos países y que hoy podría volver a ponerse en marcha si las piezas políticas y comerciales encajan.

Y las piezas, del lado colombiano, ya se están moviendo. La nueva Junta Directiva de Ecopetrol, que acompaña a Gutiérrez Caballero en este “renacer” de la petrolera estatal, incorporó entre sus nuevos integrantes a Jorge Alberto Jaller, embajador designado de Colombia ante Venezuela, una señal difícil de leer como casualidad en momentos en que el país enfrenta un horizonte energético estrecho: reservas de apenas 7,4 años en petróleo y 5,9 años en gas, según reconoció el propio Gutiérrez en su discurso de posesión en Santa Marta. Con una producción que cayó 6,6 % en el segundo trimestre hasta 706.000 barriles equivalentes diarios, Colombia no solo observa lo que ocurre en Venezuela: necesita que esa reactivación funcione, y necesita estar sentada en la mesa cuando se repartan los contratos de transporte, distribución y eventual exportación de ese gas.

La implicación de fondo es clara: el futuro energético colombiano ya no se define solamente en Bogotá. Se está negociando, en paralelo, en los paneles de Caracas donde empresas como Repsol, ENEVA y Sucre Energy discuten cómo monetizar el gas venezolano, y en la Casa Blanca, donde Washington decide con qué condiciones autoriza a sus socios a operar en los campos recién pactados con el chavismo. Que el hombre elegido para liderar Ecopetrol en este momento crítico sea precisamente el jefe de campaña de De la Espriella no es un detalle menor: convierte a la petrolera estatal en una extensión directa de la política exterior energética del Gobierno, justo cuando Colombia más necesita asegurar su lugar en la reconfiguración del mapa petrolero y gasífero de la región.


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