Lula ordena ayuda humanitaria a Bolivia mientras Evo Morales hunde al país en la cuarta semana de protestas

El presidente brasileño habló con Rodrigo Paz y activó un puente de solidaridad ante el desabastecimiento en La Paz. Mientras los bloqueos aíslan regiones enteras, el llamado al diálogo choca con una crisis que no cede y un país dividido entre la calle y el Palacio.
BRASILIA – La crisis boliviana ya no es solo un asunto interno. Este lunes 25 de mayo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ordenó el envío inmediato de ayuda humanitaria a Bolivia tras una conversación telefónica con su homólogo Rodrigo Paz, quien solicitó apoyo urgente ante el colapso de suministros provocado por tres semanas de bloqueos y protestas.
La llamada que activó la solidaridad regional
Según el comunicado oficial difundido en la cuenta X de Lula, la conversación se centró en tres ejes:
- Solidaridad explícita: Lula reiteró su respaldo al gobierno y al pueblo boliviano.
- Institucionalidad: Subrayó la necesidad de preservar el respeto a las instituciones democráticas y al Estado de Derecho.
- Diálogo sobre violencia: Hizo un llamado para que gobierno y movimientos sociales “eviten recurrir a la violencia” y “privilegien el diálogo” como vía para superar las divergencias.
Pero detrás del lenguaje diplomático, la realidad en terreno es mucho más cruda.
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Bolivia bajo sitio: 20 días de bloqueos que asfixian al país
La crisis no es nueva, pero se ha agravado. Desde hace 20 días, el departamento de La Paz —sede del gobierno— está aislado por bloqueos de carreteras impulsados por:
- Sectores campesinos aimaras
- La Central Obrera Boliviana (COB)
- Simpatizantes del expresidente Evo Morales
El reclamo es contundente: exigen la renuncia de Rodrigo Paz, quien lleva apenas seis meses como jefe de Estado. Los bloqueos ya se extendieron a Oruro, Potosí, Cochabamba y Santa Cruz, generando escasez de alimentos, medicinas y combustibles.
El gobierno responde con puentes aéreos y recortes
Ante la emergencia, el ejecutivo boliviano activó puentes aéreos para abastecer las ciudades más afectadas. Además, Paz anunció medidas de austeridad simbólica:
- Reducción del 50% en su salario y el de sus ministros
- Compromiso de hacer cumplir la Constitución “frente a cualquier intento de desestabilización”
Mientras tanto, líderes cívicos de Santa Cruz alertaron sobre un posible “golpe de Estado” y convocaron a la población a defender el derecho al libre tránsito.
El fantasma de Evo: acusaciones, demandas y la sombra que pesa sobre la crisis

Detrás de los bloqueos hay un nombre que resuena con fuerza: Evo Morales. El expresidente de Bolivia (2006-2019) no solo respalda las protestas, sino que ha sido señalado por el gobierno de Rodrigo Paz como el principal articulador de la estrategia de desestabilización.
La Fiscalía boliviana investiga a Evo por los delitos de terrorismo, sedición y conspiración, bajo la acusación de coordinar acciones para interrumpir servicios básicos y alterar el orden constitucional con el fin de forzar la renuncia del mandatario actual. También, se le acusa de trata agravada de personas. La causa, que gira en torno a la presunta vinculación con una adolescente durante su presidencia y a supuestos beneficios otorgados a la familia de la menor, llega tras meses de disputas legales y acusaciones de persecución política por parte del líder cocalero.
Evo, por su parte, niega las acusaciones y las califica de “persecución política”. Su demanda es clara y pública: la renuncia de Rodrigo Paz y la convocatoria a elecciones anticipadas. Argumenta que el gobierno actual “traicionó el proceso de cambio” y que las protestas son una respuesta legítima del pueblo ante el “autoritarismo”. Sin embargo, para el oficialismo y sectores de la oposición, la estrategia de Evo no busca diálogo, sino desgaste: mantener el país paralizado hasta que el costo político sea insostenible.





