Plinio Apuleyo Mendoza, la pluma indomable que sobrevivió a sus propias tempestades

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Por Redacción Cultura

A sus 94 años, de forma apacible y rodeado por la calma de un proceso natural, se apagó la vida de Plinio Apuleyo Mendoza. Con su partida se despide uno de los últimos testigos de primera fila y protagonistas indiscutibles del siglo XX latinoamericano. Cronista finísimo, novelista de culto y diplomático de modales parisienses, Plinio encarnó como pocos esa estirpe de intelectuales que no solo contemplaron los grandes virajes de la historia, sino que los habitaron, los escribieron y los padecieron.

La herencia de una tarde trágica: el verdadero origen del nombre

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Plinio Apuleyo Mendoza y su padre,Plinio Mendoza Neira, retratados por Leo Matiz cerca al lago Sochagota, en Boyacá, a mediados de 1966/Archivo Semana


A diferencia de lo que el imaginario popular repitió durante décadas, “Apuleyo” no era un segundo apellido familiar, sino un homenaje de pila que rendía culto a la Roma clásica. El joven nacido en Tunja en 1932 llevaba en sus venas la sangre y el rigor ideológico de su padre, el respetado abogado y dirigente liberal Plinio Mendoza Neira.

Fue de la mano de su padre que Plinio vivió el hito que fracturó para siempre la historia colombiana. La tarde del 9 de abril de 1948, Mendoza Neira caminaba tomado del brazo de Jorge Eliécer Gaitán al salir de su oficina en el centro de Bogotá, en el instante exacto en que las balas de Roa Sierra segaron la vida del caudillo. Aquel estallido de violencia y la sangre tibia sobre el asfalto del Bogotazo marcaron la sensibilidad del joven Plinio, moldeando una fascinación imperecedera por los laberintos del poder y el destino trágico de la política nacional.

París, Marvel Moreno y el arte insuperable de la amistad

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Archivo diario El Tiempo

Si la política fue el escenario de sus tormentas, la literatura y los afectos fueron su verdadera patria. París no solo fue el refugio donde tejió su complicidad con los grandes del Boom, sino también el escenario de su vida íntima: allí estuvo casado con la inmensa escritora barranquillera Marvel Moreno, una de las voces más deslumbrantes de las letras colombianas, con quien compartió años de ebullición creativa en Europa.

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A la izquierda, Luis Caballero y Marvel Moreno, padrinos de matrimonio de Plinio Apuleyo Mendoza y la pintora Patricia Tavera (a la derecha), que se casaron en París. Moreno fue la primera esposa de Mendoza /Archivo Semana

Fue también en esa orilla donde se afianzó su entrañable relación con Gabriel García Márquez. Plinio fue el interlocutor agudo, el compadre cabal y el confidente que logró extraer los secretos más íntimos del universo macondiano en la célebre obra El olor de la guayaba. A pesar de los distanciamientos ideológicos que con el tiempo los situaron en extremos opuestos del espectro político, la lealtad personal entre ambos jamás se resquebrajó.

Del deslumbre revolucionario a la trinchera de la extrema derecha

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El partido Centro Democrático le entregó al Orden a la Excelente a Plinio Apuleyo Mendoza en 2023

La trayectoria de Plinio fue un arco ideológico fascinante que pocos hombres se atrevieron a recorrer con semejante soltura. En su juventud, seducido por las utopías de la época, dirigió la agencia estatal cubana Prensa Latina en La Habana junto a “Gabo” y Jorge Ricardo Masetti. Sin embargo, su desencanto con las dictaduras de izquierda lo llevó a dar un giro radical.

Plinio fue, ante todo, un hombre que dialogó con las entrañas del conflicto colombiano: desde sentarse a la mesa a escuchar a los mandos del ELN hasta convertirse en uno de los defensores más vehementes y cercanos al expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Su quiebre definitivo con el establecimiento progresista se selló tras la sangrienta toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 y la posterior retoma militar. Mendoza asumió una postura sin matices: defendió a capa y espada el accionar de la Fuerza Pública y la cúpula militar de la época, un posicionamiento que lo convirtió en un auténtico baluarte y referente intelectual de la derecha más dura en Colombia. De esa mutación crítica nació también el fenómeno editorial Manual del perfecto idiota latinoamericano (1996), escrito junto a Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, un texto que escandalizó a la izquierda continental.

Sin embargo, Plinio fue Plinio… Don Plinio

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Más allá de los rótulos, las etiquetas doctrinales o las tempestades que desató con su columna dominical, Don Plinio nunca perdió la elegancia del trato, la finura del lenguaje ni esa paradoja tan suya de transitar sin despeinarse entre las pasiones de la izquierda y los dogmas de la derecha. Fue un hombre fiel a sus obsesiones, un escéptico refinado que miraba el mundo con la distancia justa de quien sabe que la historia suele repetirse como tragedia.

Ganador del Premio Plaza & Janés por su célebre novela Años de fuga (1979) y galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, Plinio Apuleyo jamás soltó el oficio. Hasta sus últimos días mantuvo intacta la claridad de su prosa.

Se apaga la vida de un gigante, pero queda intacta la lección de su prosa impecable y su valentía para pensar en voz alta. Fallece el gran cronista, el hombre que sobrevivió a sus propias contradicciones y dejó para la posteridad la certeza de que, cuando las ideologías se desvanecen en el polvo del tiempo, solo perdura la grandeza de las buenas letras.


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