“De prisa como el viento” se fue el maestro Héctor Ochoa, el autor de El Camino de la Vida

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Por Redacción Cultural / Hay canciones que no le pertenecen a un artista ni a un sello discográfico; le pertenecen a la memoria colectiva de un país. Pertenecen al abrazo apretado en los cumpleaños, a las serenatas bajo el balcón, al llanto discreto cuando los hijos empacan las maletas para no volver. Hoy la música colombiana viste de luto: murió este martes en Medellín, a los 91 años de edad, el maestro Héctor Ochoa Cárdenas, el insigne compositor que logró embotellar la nostalgia, el amor y el paso implacable de los años en una composición eterna.

La Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO) confirmó la dolorosa partida del creador antioqueño, cuya obra cumbre, “El camino de la vida”, fue declarada en su momento como la Canción del Siglo XX en Colombia.

“Con profunda tristeza y dolor, la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, SAYCO, lamenta informar el fallecimiento en las últimas horas de nuestro socio, el Maestro Héctor Ochoa Cárdenas (…) El Consejo Directivo, en cabeza del Dr. Rafael Manjarrez; la Gerencia General y el gremio de autores envían sus más sentidas condolencias a su esposa, hijos y familiares”, expresó la agremiación en un comunicado oficial.

Un poema al amor de largo aliento en tiempos de prisa

En una época donde la música contemporánea consume amores desechables y afectos de consumo rápido, el legado del maestro Ochoa se levanta con la dignidad de los clásicos. Su lírica, lejos de ser vista con el desdén de lo antiguo, cobra una vigencia casi dolorosa: es un canto al amor verdadero, a la lealtad de pareja y al sacrificio silencioso de la paternidad.

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El maestro Ochoa mientras hizo parte del Trío de Oro/ Archivo Caracol RAdio

Héctor Ochoa no escribió un simple bambuco; redactó la radiografía emocional de la familia colombiana. Desde la infancia que pasa “de prisa como el viento”, pasando por el nido del hogar, hasta llegar al inevitable frío de la soledad cuando los hijos emprenden el vuelo, su pluma supo retratar que “el dolor y la alegría son la esencia permanente de la vida”.

La melodía de generaciones enteras

Pocos compositores en la historia de nuestra música andina lograron calar tan hondo en el sentir popular. La voz y letras del maestro Ochoa sonaron en miles de reproductores, en noches de tiple y guitarra, y en el corazón de abuelos, padres y nietos que aprendieron a entender el valor del tiempo a través de sus estrofas.

Tras conocerse la noticia, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, envió un emotivo mensaje de solidaridad a los allegados del artista:

“Lamento profundamente la muerte de Héctor Ochoa. Varias generaciones crecimos escuchando su música, en particular la bellísima canción de El Camino de la Vida, que exalta el valor de la familia. Paz en su tumba y solidaridad con sus seres queridos”.

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Con su esposa, Stella Lalinde/Archivo Caracol Radio

El legado musical que trasciende frontera

Ochoa deja una huella imborrable en la música andina colombiana con sus composiciones como: ‘Muy antioqueño’, ‘Tú’, ‘Lo mejor de todo’ y ‘El camino de la vida’, la cual fue escrita en 1986 e inspirada en la familia, que trascendió las fronteras del género para convertirse en un símbolo de la identidad cultural del país. Vale recordar que era compositor a escondidas de su familia desde los 16 años. Por razones económicas, y por enfermedad de su padre, Eusebio Ochoa uno de los pineros de la música popular en Antioquia, salió a trabajar en un banco. Contaba con 18 años, pero simultáneamente seguía con su gran pasión, la música.

De acuerdo con el portal de Radio Nacional de Colombia, la canción ‘El camino de la vida’ fue elegida en 1999 como la canción colombiana más representativa del siglo XX. Entre otros temas destacados de su catálogo están ‘Pase lo que pase’, ‘Aprendiendo a vivir’, ‘El amor no acaba’ y ‘Orgullosamente mujer’, interpretadas por numerosos artistas y agrupaciones de la música nacional.

Su partida deja un vacío irreparable en el patrimonio cultural de la nación, pero también un testimonio de profunda gratitud. Pedir —como reza la icónica plegaria de su canción— llegar a la vejez con la persona amada, es quizás el acto de fe y resistencia poética más hermoso que nos heredó el maestro.

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